Kafe Antzokia, Bilbao
Hay grupos de los que te hablan tantas veces que casi resulta una obligación verles en directo. Frente a la desbordante oferta cultural de hoy en día, siempre es necesario prestar atención a esos fenómenos que atraen el aplauso unánime, no porque su estilo sea lo que esté pegando en el momento, sino porque su destreza sobre las tablas rompe barreras entre generaciones y uno acaba saliendo del recinto pensando: “¡Pues sí, es una bandaza!”.
Todo lo anterior podíamos aplicarlo a los oriundos de Gernika Supercremalleras, que ya habían recalado en otras ocasiones por la capital vizcaína, y por lo que nos dijeron, les teníamos apuntados en la lista de tareas pendientes. Lo cierto es que superaron por completo nuestras expectativas al ofrecer un bolo dinámico, a velocidad de vértigo como si fuera punk, en el piso superior del bilbaíno Kafe Antzokia. Agotaron entradas, lo que ya de por sí certifica el espectacular tirón que poseen por estos lares.
Algunos seguro que se tuvieron que quedar con las ganas por falta de aforo. En el interior, el ambiente estaba de lo más concurrido, con muchas chicas y una desbordante presencia juvenil que les consolidaba como un auténtico fenómeno de nuestro tiempo. El entusiasmo del respetable era como si se tratara de verdaderas estrellas de estadio, coreando desde el primer minuto y creando ese ambiente especial que se siente cuando existe una peculiar conexión entre artistas y público.
Presentaban su reciente disco sobre Madrid ‘Avenida América’ y podría decirse que Supercremalleras oficiaron al vertiginoso ritmo de la vida en la capital del Estado. “Un año de mierda” pegó el pistoletazo de salida evocando a Carolina Durante y ese tono confesional que tanto se lleva en los combos de palos similares. Pero se notaba que en su caso no había impostura, sino convencimiento en lo que cantaban y en lo que transmitían en el escenario, que era bastante.
Un detalle fundamental de su directo, aparte de que le echaban muchas ganas, era que sonaban mucho más potentes que en estudio, todo un acierto dada la aparente comercialidad de su propuesta. Habría que puntualizar que no era que fueran excesivamente almibarados, sino que sus canciones eran más bien redondas, como “Rojo”, con potencial de himno desde las primeras estrofas y alusiones tanto a la banda Morgan como al mismo sitio donde tocaban esa noche, el Kafe Antzokia.
Esos gestos eran los que hacían piña entre la afición y creaban la hermandad de fans necesaria para que un grupo suba como la espuma. Se dirigían al personal en euskera, pero las interrupciones no fueron demasiadas, salvo las justas para agradecer a la peña y poco más. Allí hablaba la música en primer lugar, por lo que tampoco resultaban inusuales las propias referencias a otros artistas dentro de sus canciones, caso de “Arctic Monkeys” y la manía por cambiar de estilo de estos últimos.
“Dadnos cariño, Bilbo”, pidió el vocalista y guitarrista antes de “Al dente”, de los cortes más destacados de su último disco, aunque lo cierto es que mola de principio a fin. El aire power pop de “Qué bien nos quedamos” les emparentaría con los malagueños Airbag, y encima también hablan del verano. Pero si querían que se fijara la atención en un punto reconocible por la mayoría del respetable en edad de salir de fiesta, ahí estaba “La Riviera”, donde un grupo de chavales recibió la dedicatoria de esa estrofa que hablaba del “pogo de unos pijos”.
La cita no tenía pinta de aflojar en ningún momento, pues para elevar la garganta al máximo parecía concebida “Un trato”, antes de volver a mirar hacia el centro de la península con “Fuencarral”, esa siempre concurrida calle de la capital. Se fueron acercando hacia al final con “Perro”, pero “Generación del 27” supuso sin duda uno de los puntos álgidos de la velada, con la peña cantando a pulmón ese glorioso estribillo que habla de “los supervivientes del rock n’ roll”. Los ánimos estuvieron tan exaltados que hasta un espontáneo se subió a las tablas, o quizás se trataba de un colega suyo, pues parecía haber varios de ellos en el recinto.
“Jodido” siguió poniendo a prueba las cuerdas vocales de los fieles y pegaron la estocada con “Ex”, todo un temazo por el que merecerían llenar hasta estadios. “Vamos a petarlo este año”, dijeron antes de despedirse, y no dudamos nada de su palabra si todos sus bolos son como el que vimos aquella noche.
Al fondo del escenario había un cartel como el del metro de Madrid, pero con el nombre del grupo en el medio, algo sobre lo que bromearon aludiendo a su “diez en Plástica”. Ginebras nos enseñaron que en aquel lugar uno incluso podía enamorarse, pero estos muchachos con ganas de comerse el mundo solo deberían escuchar un mensaje: Próxima estación, el éxito.
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