miércoles, 1 de abril de 2026

JAY-JAY JOHANSON: UN SEÑOR DE OTRA ÉPOCA

 

Kafe Antzokia, Bilbao

 

 

Hay artistas que llevan consigo un halo de sofisticación que acompaña incluso a sus fans, ya pasen varios años o décadas. No han existido demasiados dignos herederos de The Thin White Duke, el personaje y alter ego que David Bowie creó en 1976 y que era definido como “un zombi amoral” o “un Superman ario sin sentimientos”, un tipo que cantaba canciones románticas sin permitir que las emociones acabaran rasgándole. Una pose que inauguró toda una escuela que llega incluso hasta nuestros días de una forma u otra.

 

 

El sueco Jay-Jay Johanson abrazó sin duda aquella estética cuando publicó su primer álbum ‘Whiskey’ en pleno auge del trip hop, con el aire envolvente de Massive Attack o Portishead, pero también con los tintes cinematográficos propios del género. Aparte de eso, una característica forma de cantar le emparentaba con aquellos grandes crooners de antaño.

Allá por un lejano 2013, el escandinavo fue una de las curiosas propuestas de la feria de la música BIME, cuando todavía se celebraba en el BEC de Barakaldo (Bizkaia) y varios pabellones acogían los diferentes escenarios. Uno de ellos tenía aspecto de recogido teatro y ahí actuaron a lo largo de los años artistas como Edwyn Collins, Nacho Vegas o el protagonista de esta crónica, entre muchos otros.

 

Puesto que no se trataba de un artista que frecuentara demasiado la península, acudir al recital de Jay-Jay Johanson en el bilbaíno Kafe Antzokia casi se antojaba una obligación para cualquier melómano que se precie. Si la primera vez nos sorprendió toparnos con un público refinado en el que había hasta alguno con fular y calzando tacones rojos, en esta ocasión nos encontramos un respetable emocionadísimo, que vivía tanto la música que incluso no podía evitar danzar con los ritmos más bien sosegados del sueco, hasta los más exaltados hicieron sus pinitos como directores de orquesta.

Tal y como se anunció, el repertorio incluiría el preceptivo homenaje al álbum ‘Whiskey’, por lo que el recital se inició con la primera del disco, “It Hurts Me So”, con ese ambiente como de película de James Bond. Al escandinavo únicamente le acompañaban un par de tipos a los pianos y teclados y a la batería, músicos sobrios, contenidos, pero muy efectivos, hasta el punto de que en ocasiones Jay-Jay se retiraba a una esquina del escenario para que el personal admirara el talento de ambos y luego les aplaudía como un espectador más.

 

La senda de ‘Whiskey’ prosiguió con “So Tell the Girl that I’m Back in Town” y “The Girl I Love Is Gone”, al tiempo que el vocalista echaba tragos a una misteriosa bebida que bien podría ser la del título del disco. Dicha costumbre también la tuvo en el bolo que vimos hace más de una década, por lo que intuimos que debía ser una constante en sus shows.

En “I’m Older Now” se hizo patente la atmósfera onírica típica del trip hop, sin que eso enterrara el halo vintage de muchas de sus composiciones. Podría decirse que gran parte de la obra de Johanson es una especie de cruce entre ambas sensibilidades, un ejemplo claro de ello era “I Fantasize of You”. Cerró el homenaje al debut con “Mana Mana Mana Mana”, con ritmos deudores de Portishead y otros grupos de rollo similar.


Tras agradecer el apoyo durante tres décadas, el sueco saltó en su trayectoria hasta “Far Away” del 2000, que parecía una canción de otra época, con un ambiente jazzístico no muy alejado del disco ‘Black Tie White Noise” de David Bowie. Y de ahí pasamos a su último álbum ‘Backstage’ con “Ten Minutes”, antes de que regresara su vertiente más dramática con “You’ll Miss Me When I’m Gone”, que contó con una interpretación deslumbrante.

La sintonía con los fieles era total, por lo que el escandinavo lanzaba besos al público en repetidas ocasiones, pero a veces la comunicación se producía por otros medios, como cuando se desataban silbidos y aplausos al reconocer “She Doesn’t Live Here Anymore”. Esta muestra de entusiasmo fue aprovechada posteriormente por Jay-Jay cuando dijo: “Veo que podéis silbar, así que tenéis que hacer así en la próxima”. Sobraban más detalles para presentar “Heard Somebody Whistle”, que sirvió al artista para abandonar el escenario entre chiflos de diversa naturaleza e intensidad.


Regresó al de poco con su inseparable vaso para entonar a capela “Whispering Words”, y ya con su banda, una intro orquestal precedió a “Finally”, antes de otorgar la inevitable puntilla alzando su bebida y proclamando “Believe In Us”. Hasta ahí el concierto al uso, aunque ese no fue el final, pues mientras sonaba por altavoces la versión de Sid Vicious de “My Way”, el tipo se zambulló entre el público para montar pogo y darlo todo. Para que luego digan que los escandinavos son fríos.

En definitiva, un señor de otra época con un estilo muy marcado y un universo muy peculiar que no sorprende que goce de tanta reputación como artista de culto. Como si se hubiera abierto un túnel del tiempo entre la década de los cincuenta y el trip hop de principios de los noventa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario