jueves, 4 de abril de 2019

BABY SHAKES: ALGODÓN DE AZÚCAR


Nave 9, Bilbao

Frente a la rabia nihilista con ganas de arrasar todo lo que se encuentre a su paso, siempre convivió una vertiente más desenfadada del punk que no se hacía tanta mala sangre y buscaba simplemente divertirse, acelerando las revoluciones, eso sí, y evocando el glamour y la elegancia de aquellos pioneros del rock n’ roll en los que también se fijó el movimiento glam. La cara malhumorada a veces también necesita descansar, por muy combativo que sea uno. Entregarse a la inmediatez del momento y no comerse tanto la cabeza.

De eso van precisamente las neoyorquinas Baby Shakes, que en un peculiar batiburrillo funden un amplio espectro que abarca desde Ramones o Slade hasta los grupos de chicas de los sesenta o el rock n’ roll clásico, en definitiva, casi un compendio de lo que más mola en el mundo de la música. Aquello que levantaba pasiones en su época y que todavía a día de hoy sigue provocando piel de gallina.


Un nicho en el que ya han conseguido editar tres redondos, aparte de compartir escenario con leyendas del calibre de Iggy Pop o The Boys y giras por Europa, EE UU, China o Japón. De hecho, hace unos añitos ya les vimos en la capital vizcaína y entonces nos epataron de tal manera que apuntamos la fecha en rojo en cuanto tuvimos constancia de su regreso. Una tarde de domingo parecía un instante más que propicio para sumergirse en su mundo multicolor de sonidos almibarados pero no exentos de actitud y pegada.

Con taconazos, medias de rejilla y un cierto aire vintage que por sus peinados evocaba gloriosas décadas pasadas, Baby Shakes iniciaron la fiesta con “Do What You Want”, ideal para poner a cualquiera a tono y meterlo de inmediato en su rollo. No tardaron en arremangarse y revolcarse por el fango del rock n’ roll canalla en “All The Pretty Things” antes de entregarse en “Baby Blue” a melosas melodías de las que no salen de la cabeza ni con aguarrás. Y los guateques de antaño rememoraba un “Summer Sun” que si fuera en castellano podría haber pasado por un tema de Los Nikis o Airbag. El furor por el verano, la eterna inspiración para los discípulos de los Ramones.


Sin pausa que valga y casi como si las estuvieran persiguiendo, se fueron ventilando el repertorio a una velocidad supersónica que si te descuidabas un rato, ya te habías perdido una parte importante. Nos avisaron además de que intercalarían canciones nuevas de un próximo cuarto trabajo que saldrá en algún momento del 2019 y hasta tuvieron tiempo de acordarse de catálogos ajenos como en el “Heart Of The City” de Nick Lowe, que por la forma frenética en que la tocaron podría pasar por una composición suya. Llevaban un perfume intenso en lo musical, vaya.

Había tal ambientazo en el interior de la Nave 9 que hasta algún curioso de paseo dominical se paró frente a la cristalera para hacer fotos con el móvil de lo que allí sucedía encima del escenario. Pero ellas no se cortaron en absoluto, la guitarrista oriental incluso le ofreció algunas posturitas para la posteridad mientras seguían a su bola, desgranando un retahíla anfetamínica capaz de quitar la tontería a cualquier aletargado.


“Turn It Up” engatusaba por su tono animado cercano al power pop y en “Crazy” nos vinieron a la cabeza los Pantones, en especial por la voz de chicle de su guapísima cantante, otro combo dulzón cual piruleta. Y sin tener en cuenta a los cansinos guardianes de la moral contemporánea, nos atreveríamos a decir que sonaban igual que estaban. Tremendas.

El sueño se esfumó, eso sí, de un plumazo, sin apenas haber llegado a la hora de rigor. Hubo que exigir el regreso a grito pelado, ya nos advirtió Txarly, el dueño del garito, que “si no hay ruido, no hay bis”. Y lo cierto es que su vuelta desde luego que mereció la pena con unas apabullantes “Today Your Love, Tomorrow The World” y “Rockaway Beach” de los Ramones, interpretadas asimismo a toda mecha a una velocidad vertiginosa. No nos podrían conquistar de mejor manera. Esto sí que fue un acto de amor.



“No todo está perdido”, arengó Txarly a la concurrencia cuando se retiraron por segunda vez. Y el jolgorio imperante debió de surtir efecto porque se subieron de nuevo a las tablas para otra pieza novedosa, si no nos equivocábamos. Estuvo guay que se dejaran contagiar por el entusiasmo de la parroquia, pero quizás lo suyo hubiera sido terminar con galones recordando a Joey, Johnny y compañía. Todo lo que viniera después sería accesorio o irrelevante. Una propinilla después del plato suculento. Pero se acepta, claro.

De lo que no cabe duda alguna es de que siguen manufacturando un algodón de azúcar de primerísima calidad con ingredientes de la categoría de los antes mentados o de las Ronettes, entre muchos otros. Un puré bien triturado sin hebras ni otros elementos indigestos. Para repetir y hasta darse un atracón.

TEXTO Y FOTOS: ALFREDO VILLAESCUSA


miércoles, 3 de abril de 2019

BULLET PROOF LOVERS: FUERA DE CONTROL


Pub El Mendigo, Barakaldo

Con la llegada de las nuevas tecnologías quizás hemos perdido la perspectiva acerca de demasiadas cosas. Por ejemplo, lo costoso que resultaba en determinadas ocasiones acudir a un simple concierto. Porque aunque hoy en día parezca impensable, hubo un tiempo en el que apenas se hacían bolos en la capital vizcaína y para ver grupos internacionales había que tirar millas y recorrerse un kilometraje por el que las generaciones actuales no levantarían ni un párpado. Una mera cuestión de costumbres. Y de sacrificio, claro.

Un ejemplo de esto último sería sin duda el de un chaval que nos encontramos que había venido desde Mundaka (unos 40 km.) para ver un bolo de Bullet Proof Lovers en Barakaldo y no tenía reparo en confesar que para la vuelta le esperaban unos 70 pavos de taxi. Y a pesar de compadecer este desgraciado caso, lo cierto es que entendemos a la perfección esa fidelidad a prueba de bombas tributada a un grupo que hasta el momento nunca le hemos visto fallar en las distancias cortas. Garantía de calidad.

A estas alturas hemos perdido la cuenta de las veces que podemos coincidir con ellos a lo largo del año, ya sea en recitales propios, teloneros u otro tipo de circunstancias. Pero da igual, salvo fuerza mayor o algún evento de descomunal relevancia que merezca ser cubierto, difícilmente nos perderemos la cita con este supergrupo de verdad formado por el gran Kurt Baker y peña de Nuevo Catecismo Católico y Discípulos de Dionisos. Una conjunción de talentos capaz de deslumbrar desde al seguidor más empedernido hasta el curioso que se acerca para comprobar de qué va su rollo. Cuidado, es muy probable que el segundo se transforme de inmediato en lo primero.

Con una multitud suficiente para montar cierta gresca, los castellonenses Delest abrieron la velada con un punk rock tan cercano al rock urbano que a veces se confundía con este último, aunque sin descuidar una importante influencia de combos californianos tipo NOFX o Bad Religion. Al margen de etiquetas, lo cierto es que se curraron su tiempo en escena y no dudaron en rendir homenaje a punkis patineros con el “Bring Me Home” de Millencolin o a leyendas como los Ramones con su recordado tema homónimo compuesto por Motörhead, un trallazo infalible en cualquier situación. No nos aburrimos ni un ápice.
Delest, entre el punk melódico y el rock urbano.
Decía el gran Ray Loriga que “los únicos que pueden hablar de accidentes son los atropellados” y probablemente con esta frase tan trascendental se refería a que para conocer algo, hay que probarlo de primera mano, sin medias tintas y sin dejar que la aborregada opinión del vulgo nos influya. Eso es lo que sucede con Bullet Proof Lovers, que conviene catarlos a la distancia más corta posible y sin contraindicación alguna, pues lo mismo valen para días animados que para esos estados carenciales del espíritu en los que lo que menos apetece es moverse de casa. Un bálsamo a precio regalado.

Basta contemplar a Kurt Baker desenvolverse a las tablas con su profesionalidad habitual para darse cuenta de que ahí tenemos algo grande de veras. Y su apabullante estilo a caballo entre el punk y el power pop hace el resto. “It’ll Be Allright” supone un chute de energía inmenso mientras se va preparando el terreno para un “Ain’t No Joke” en el que no sería descabellado que por la cabeza pasaran nombres como The Hellacopters, o Kiss mismamente, esos coros del estribillo nos darán la razón.

Que se casquen un “Can’t Let Go” a tope de revoluciones serviría de sobra para añadir fieles al culto y su joya “Breaking Down” subiría otro escalón por su espectacular estribillo y melodía, de esos de los que no te puedes quitar de la cabeza una vez que lo escuchas. A lo largo de la historia de la música muchos pedantes han denigrado lo facilón y no son pocos los que opinan todavía que hay que estar continuamente buscando los tres pies al gato para labrarse un buen porvenir, como dirían las personas decentes de cierta edad. Nada más lejos de la realidad con lo que cuesta encontrar ese toque maestro que perdure más allá de la siguiente canción. Y lo dice alguien que se traga unos cuantos discos al día.

Con semejante ímpetu, era hasta normal que algunos se exaltaran, como el megafan que mencionábamos al principio de la crónica y que no tardó en atraer la atención de Kurt Baker con sus entusiastas palmas y hasta alabando al propio vocalista como si de un mesías se tratase. Un acto justificado por completo, pues Baker sigue dejándose la piel y cantando como un auténtico dios en cada concierto. Un grande. ¿Alabanzas? Pues me parece poco. Monumento ya.

La huella de la época gloriosa de Paul Stanley y Gene Simmons volvió a sobresalir en “Take It Or Leave It”, y como en las pelis americanas, Kurt Baker nos animó a decir a las amistades que habían vuelto. Lo constataron con el tema nuevo “I Don’t Want To Want No More”, que se intuyó muy prometedor y nos puso los dientes largos hasta su próximo lanzamiento, habida cuenta de lo alto que se encuentra ya el listón. Y “Drive It Outta Control” pudo convertirse en toda una metáfora de lo que se observó aquella noche, un bolazo frenético con peña desbocada por completo, tanto arriba como abajo del escenario.

La traca final fue de infarto con “Radioactive Love”, “I’m Your Radio” o ese “Nothing I Can’t Do” que sigue levantando del sitio una y otra vez. Presa del entusiasmo generalizado, el carismático voceras se sumergió de improvisto entre la parroquia para desatar el jolgorio, una estrategia infalible para quedarse con el personal. Y desde ahí aquello fue a más, con algún miembro llevado a burros antes de que aceleraran para una última arremetida con el ritmo del “Yeah, Yeah, Yeah” de The Vibrators de fondo. Extasiado total.

Una noche fuera de control que estamos deseando que se repita lo antes posible. Frente a las inseguridades de la vida, he aquí un valor fiable que no ha fallado hasta el momento al que uno se puede encomendar en cuerpo y alma. Existen numerosas pruebas de fe.

TEXTO Y FOTOS: ALFREDO VILLAESCUSA









jueves, 28 de marzo de 2019

NOVEDADES CARMINHA: ESCASO PERO EFECTIVO


Kafe Antzokia, Bilbao

Los cambios de timón siempre suelen ser cuestionados. Pocas veces sucede que se acatan sin la menor resistencia y a todo el mundo le parecen bien. Los cerriles enseguida elevarán el grito en el cielo porque han traicionado las esencias, les acusarán de haberse vendido y renegarán de ellos en lo que les quede de vida. Pero seamos sinceros, la ortodoxia no se estila demasiado en la época contemporánea y los que apuestan por las convicciones inamovibles más bien se asemejan a una especie de parias, unas criaturas vetustas que se observan con la misma curiosidad que unos monos en un zoológico.

Algunos ya se han rasgado las vestiduras con el último lanzamiento de los gallegos Novedades Carminha en el que apuestan sin ambages por un enfoque abiertamente comercial, o quizás mejor deberíamos decir hedonista, música para pasárselo bien sin mayores pretensiones, fiel reflejo de ese público variopinto que acostumbra a abarrotar sus conciertos. El que busque autenticidad, definitivamente se ha equivocado de sitio.


Con una mente aperturista conviene acercarse a un bolo de Carlangas y compañía, cuya primigenia alma garagera punk parece ya diluida por completo, aunque nunca han descuidado esa vertiente en sus actuaciones en directo, incluso en alguna ocasión les hemos escuchado versionar a Eskorbuto. Las chicas, eso sí, siguen constituyendo un contingente más que importante y uno a veces se pregunta si en realidad no está viendo a un grupo de quinceañeras o algo así. Alegrar la vista está garantizado por lo menos.

Con un retraso motivado por la huelga feminista de aquel día, se prescindió de teloneros, por lo que entraron directamente al trapo Novedades Carminha, que no tardaron ni un ápice en conectar con las ganas de jolgorio del personal con “Volverte a ver” y su ritmo tropical que encajaba con esas prolongadas intros caribeñas que suelen preceder a su irrupción en escena. “Que Dios reparta fuerte” contribuye a un subidón festivo que no baja con “Te quiero igual”, más tonadillas accesibles para no comerse demasiado la cabeza. Aquel no era lugar para intelectuales, aficionados a las cosas enrevesadas, puretas o fans de Los Planetas, como dice la canción mencionada anteriormente.


“Hay un sitio pa ti” gana bastante en las distancias cortas por su aire bailable y esos coros a lo “Bohemian Like You” de The Dandy Warhols, mientras que “Disimulando” homenajea una vez más a las noches de farra. La puesta en escena también ha mejorado considerablemente, con focos enormes como si realmente fueran megaestrellas. Tal vez no lleguen a tanto, aunque su presencia es un clásico en los festivales indies veraniegos. Y si la peña no anduviera ya lo suficientemente predispuesta, “Quiero verte bailar” terminaría de convencer a cualquier reticente. “¡Así sí, joder!”, exclamó el vocalista tras la descomunal entrega de la afición.

Que su anterior lanzamiento, donde comenzarían levemente su enfoque comercial, continúa copando una franja importante de su repertorio actual era algo más que evidente con “De vuelta de todo” o “Chispas relax”, sin que decayera lo más mínimo el bailoteo. “La mejor de Europa” sirvió de leve remanso de paz antes de una frenética recta final que inauguró el voceras al gritar: “¡Se acabó la puta broma!”. Había quedado claro. Y la artillería de “Juventud Infinita” no dejaría a nadie indiferente. A bocajarro.


Y por el rollo ochentero de “Obsesionada” podrían compararles con Varry Brava, aunque en ese terreno a medio camino entre Nacha Pop y Tino Casal los de Orihuela no tienen rival patrio. “Antigua pero moderna” era otra de las infalibles en las distancias cortas que iría directa a la frente, un valor seguro, al igual que “Dame Veneno”, en la que cedieron protagonismo a unas guitarras que recordaban a ZZ Top en un in crescendo realmente espectacular. Rock coreable para todos los públicos.

Cambio de ambiente total para la cumbia “A Santiago voy” o “Cariñito”, en la que incluso se pudo ver a féminas perreando. En la anterior gira ya comprobaron la efectividad de “Lento” y su potencial se mantiene intacto, por lo que no dudaron en alargarla para aprovechar el momento. “¡Queréis que se caiga el Antzoki!”, recriminó el vocalista antes de subir otro peldaño más en el fiestón con una versión del “Mala vida” de Mano Negra, típica pieza que suele sonar en casi cualquier festejo popular que se precie y que a nuestro entender sobró un poco, pero cuestión de gustos. Nunca nos engatusó el perroflautismo.


Los tonos de guateque discotequero a la vieja usanza de “Verbena” dejaron el pabellón muy alto y se escucharon hasta relinchos de caballos. El personal quedó tan satisfecho que las peticiones de bises fueron estruendosas y constantes. Algo que no ablandó en absoluto a técnicos y músicos que comenzaron a recoger el equipo como si nada. Muchos silbaron, pero aquello era un imposible.
Tocar una hora y poco se nos antojó algo raquítico a más no poder, máxime cuando las peticiones para regresar a las tablas resultaran tan insistentes y cayeran en saco roto sin la menor de las contemplaciones. De justicia es también señalar que aprovecharon el tiempo en escena y no se echó en falta ningún tema. Escaso pero efectivo. Y eso no está mal. Como un chupito.

TEXTO Y FOTOS: ALFREDO VILLAESCUSA



miércoles, 20 de marzo de 2019

SUMISIÓN CITY BLUES: LEHENDAKARIS VITALICIOS


Pub El Mendigo, Barakaldo

Siempre suele hablarse acerca de la suma importancia de estar en el lugar adecuado en el momento preciso. Una decisión que en la mayoría de ocasiones obedece más bien al puro azar en vez de a un plan premeditado, por lo que alabemos una y otra vez los espectaculares giros del destino, esos que parecen un guión cinematográfico escrito por un mago del suspense y que sorprenden por su glorioso e inesperado final. Y entonces uno se pellizca para comprobar que aquello es real, lo asimila y en pleno arrebato hippie agradece su plena existencia y se siente en comunión total con sus congéneres. El mundo puede ser maravilloso.

Si en algún sitio debería estar irremediablemente cualquier periodista musical decente que ande por estos lares, ese era la despedida de los escenarios de Sumisión City Blues, una de las mejores bandas surgidas en los últimos tiempos y que han aportado todo un soplo de aire fresco al panorama por su macarrismo y sensibilidad incendiaria en una época donde domina más que nunca la dictadura de lo políticamente correcto, esa que te dice de lo que puedes hablar y de lo que no. Pero no es necesario que se trate al personal como borregos sin criterio, que cada cual elija la música que resuene en sus oídos.


A algunos nos llaman los garitos de mala muerte, el humo de tabaco, las mujeres fatales y las drogas por su capacidad tanto destructiva como inspiradora. Un cóctel aderezado por todos los parias de la sociedad y que aquí encuentran un refugio a salvo de inclemencias y del señalamiento continuo al que se somete a los que se salen del redil. Frente a las grandes superficies sin alma y los establecimientos de diseño que provocan repelús, las tiendas humildes de siempre y los antros de perdición que atesoran entre sus paredes historias dignas de ser contadas.

Hace falta cierta dosis de descaro para subirse a un escenario y de eso Tiparrakers andan más que sobrados con un vocalista frenético que hasta se atrevió a meter los dedos en el cubata de un seguidor de las primeras filas. En lo musical, se movían entre Turbonegro o los equivalentes locales Porco Bravo o Negracalavera y no se cortaron a la hora de aconsejar a los fieles que “cada uno elija su camello” en pleno arrebato nihilista o que su disco era gratis “para policías, jueces y políticos con deficiencia mental”. Todo un festín de incorrección con solos al tuétano y estribillos para corear a pulmón tipo Nuevo Catecismo Católico. Fan desde ya.

Tiparrakers partiendo la pana.
Quedarse indiferente tras un bolo de Sumisión City Blues debería tratarse como una especie de minusvalía. Y más si se arrancan con un “Bama Lama Bama Loo” de Little Richards a tope de revoluciones y que cursó idéntico efecto al de un chupito de aguardiente en el organismo. Un pelotazo para ponerse a tono antes de sumergirse en otras sustancias, caso de “Charco de luz” y su rock n’ roll punkarra de jeringuilla. Y otras drogas más perniciosas para la salud mental también hicieron su aparición en “No pensaba en ti”, previamente a que Pela aludiera al irremediable final de la banda: “Sumisión City Blues desaparecerá, y Tiparrakers también, que lo han prometido, y como buenos españoles seguiréis teniendo un rey”.

Toda una lección de cómo presentar un tema homónimo tras un arranque brutal y con la peña desatada desde el inicio.  El villancico macarra “Nochebuena en la ciudad” era un claro ejemplo de ello con las gargantas de los fieles cantando “Y las calles me envenenan…”, no en vano en alguna ocasión han afirmado sentirse inspirados por la música americana pero con “la perspectiva de las calles de Euskal Herria”. El océano atlántico, una barrera sin importancia.


Elevaron la temperatura con “Nadie te ayudará” y el puro canalleo noctívago de “Insomnio”, con guitarras a lo The Hellacopters y un poso incendiario en las letras digno de Pablo Und Destruktion. Y al grito nihilista de “todo lo que nace, muere”, el himno mayúsculo de “Obedece” pudo dejar planchado al personal por su contundencia. Una explosión que ha servido otras veces para finiquitar recitales de altura.

El amor de garito de “Solo Tú” valió para seguir entrando en materia y ponerse más tontorrón en “Pastillas de jabón envueltas en toallas”, que también contó con otro comentario políticamente incorrecto de Pela: “Tranquilos, en Euskadi tenemos a la Ertzaintza y aquí no se tortura”. “La guerra” afianzó de forma inamovible las posiciones y sin perder la esperanza “Mundo mejor” legó una de las mejores interpretaciones de la velada, con Joseba regodeándose en los punteos mientras Pela se lanzaba al público cual Iggy Pop, hacía tiempo que no veíamos nada tan salvaje. Un gesto que no tardó en ser emulado por algún espontáneo.


“Beirut City Boogie” era otro de los cañonazos imprescindibles en directo, por lo que no se hubiera entendido una despedida sin su inclusión. Y hasta un porche sureño nos transportamos en “Saben todo de ti”, con el preceptivo slide y Pela sentado al borde del escenario. “El efecto demacración” siguió haciendo mella como la primera vez que les vimos, antes de que se acordaran en “Mi crucifixión” de los parroquianos locales de El Tubo, mítico garito rockero de la margen izquierda.

Y “Las víctimas del chacal” devino en otro duelo guitarrístico que tuvo más de acto sexual consensuado entre dos partes que de virtuosismo onanista indiscriminado. Pela continuó envalentonado en la arena política con alusiones al antaño “lehendakari López” y no dudaron en proclamarse ellos mismos “lehendakaris vitalicios”, un título con bastante más fuste y legitimidad que el de Guaidó en Venezuela.



 El ritmo funky de “Mentira” propició más vuelos entre la multitud y las palabras de “Fuego, hijos de puta, desalojen el garito” no hacían referencia a ninguna emergencia, sino a la espectacular revisión de Martha and The Vandellas que se cascan, puro soul macarra con clase. “Ha llegado el momento de la última pelea…”, entonó Pela en alusión a “Que corra la sangre” de Eskorbuto y lanzó una pregunta a la concurrencia: “¿Cómo preferís que acabemos la carrera de Sumisión City Blues? ¿Sentados o cagándola?”. La disyuntiva se solucionó rápidamente con “Suicida I & II”, un evangelio de autodestrucción ideal para finiquitar una trayectoria fulgurante como la suya. Un instante memorable con la épica segunda parte que acabaron enlazando de nuevo al “Bama Lama Bama Loo” de Little Richards y así cerrar el círculo por todo lo alto.

Una fiestón de envergadura con pogo total en las primeras filas, peña volando y hasta el propio guitarrista Joseba punteando entre la afición. Imposible dar carpetazo a una historia con mayor dignidad. No abundan los grupos de su rollo que combinen con tanta precisión la furia punk con el sabor vetusto del soul, blues o rock n’ roll, por lo que se les echará de menos, confiemos en que solo se trate de un tiempo de parón. De momento, se han ganado a pulso el título de lehendakaris vitalicios. Y no creemos que les arrebaten la makila.

TEXTO Y FOTOS: ALFREDO VILLAESCUSA