viernes, 20 de septiembre de 2019

MUERAN HUMANOS PRESENTAN SU DISCO ‘HOSPITAL LULLABIES’


El dúo argentino afincado en Berlín Mueran Humanos presentará el próximo domingo 22 su nuevo trabajo ‘Hospital Lullabies’ en la sala Siroco de Madrid.

Tras haberse labrado un nombre en la escena industrial/dark wave con su anterior álbum ‘Miseress’, editan un redondo acorde a su trayectoria ascendente en el que se incluye además una película dirigida por Carmen Burguess, la mitad femenina del grupo, que se proyectará en festivales de cine.

Mueran Humanos han sido teloneros de The Horrors en su última gira europea y su presencia tampoco es en absoluto extraña en la península, puesto que ya han estado en el festival Primavera Sound y en otros puntos de la geografía nacional. Entre sus variadas influencias destacan Suicide, Throbbing Gristle, la psicodelia, el punk electrónico, el krautrock y hasta elementos propios del surrealismo.

En esta cita organizada por Mots Live estarán acompañados por el prometedor proyecto de tecno pop Auto Sacramental y al término del concierto From Hell DJ seguirá poniendo temazos hasta que el cuerpo aguante.

Recordamos los detalles del evento:

Mueran Humanos + Auto Sacramental
Domingo 22 de septiembre
Siroco: Calle San Dimas, 34. Madrid.
<M> Noviciado/San Bernardo
Apertura de puertas: 21:00 horas
Entrada anticipada: 12€

Entrada en puerta: 15€

Venta de entradas:

Más información:




jueves, 19 de septiembre de 2019

LINDA GUILALA: MISERIA A BORBOTONES


Muelle, Bilbao

Quizás las canciones tristes tienen en el fondo alguna utilidad terapéutica y sirven en realidad para elevar el ánimo. Mirar a nuestro alrededor y darnos cuenta de que tal vez no estamos tan mal. Que hay otros que están peor. Sacralizar ese dicho popular que rezaba “consuelo de muchos, consuelo de tontos”. O puede que a algunos lo que de verdad les ponga sea regodearse en la miseria, hurgarse una y otra vez la herida supurante hasta que se desgarre. Dicen que incluso hay perturbados adictos a enamorarse, así que tampoco sería tan descabellado encontrarse con yonkis de la pena infinita.

Lo cierto es que la música de los gallegos Linda Guilala no es de la que te entran ganas de dar saltitos de alegría. Tampoco se trata de lo que uno se pondría antes de salir de fiesta. Lo suyo ha nacido para alcanzar su cénit en domingos, días lluviosos y otros momentos de inexplicable bajón que se suceden a lo largo de la existencia. Pero si Caravaggio ya comenzó a reivindicar la imperfección de la realidad como noción de belleza y movimientos artísticos como el Romanticismo ponían el énfasis en lo grotesco y monstruoso, no resulta descabellado entender que se pueda sentir verdadera atracción hacia esto de relatar las cuitas en público.


Ya hemos relatado en posts anteriores que se trataba de una semana complicada en lo que respectaba a la asistencia concertil, pero al final se consiguió una afluencia digna para un finde en el que parecía que había caído una bomba nuclear. Era aquello un concierto para tipos solitarios, de esos de cante jondo, es decir, para tararear por dentro sin molestar a nadie, aunque se pudo ver por ahí algunos freaks con la bandera gallega y hasta se coló alguna cotorra, no existe lugar inexpugnable para estas vomitivas criaturas, ni siquiera una iglesia estaría a salvo.

Con la duda de si serían capaces de recrear en directo ese colchón chirriante que se escucha en estudio, Linda Guilala oficiaron desde el inicio muy metidos en su particular mundo, completamente abstraídos de cualquier reacción que pudiera tener el respetable. Ellos a lo suyo y punto. Una actitud muy digna que choca por completo con la de los pesados que te piden palmas cada dos por tres y brasean al personal con asuntos irrelevantes que no interesan a nadie solo con el objetivo de hacerse los simpáticos. Aquí teníamos gente al natural, que gracias a su talento no necesita colocarse en tesituras tan ridículas. Viva la autenticidad.   


El burbujón sónico cristalizó con “Monstruo” o “Accidente” y recordó a sus paisanos Triángulo de Amor Bizarro, especialmente en la voz, aunque con un mayor volumen habrían incrementado la agonía existencial de sus temas. Y quizás con otra guitarra más también ganarían a la hora de recrear ese sentimiento opresivo que otorga la distorsión chirriante. A veces no resulta tan sencillo montar una descomunal maraña de ruido.

“Mucho mejor” reincidió en los habituales cánones shoegaze antes de que “Agosto” abriera de par en par el tarro de la desesperación con ínfulas muy tipo a las de los desaparecidos Odio París, no abundan las referencias de este estilo en la península. Esto era un rollo introspectivo total, pero a pesar de ello se pudo ver entre el paisanaje a peña muy emocionada, daba igual la languidez intrínseca a su propuesta.


Sin bajar de su nube lisérgica, ejecutaron un repertorio que podría ser internacional, ya que se amoldan tanto a las convenciones del shoegaze que su presencia no chirriaría desde luego en cualquier recopilatorio del género. De hecho, este bolo les pillaba a puertas de una gira europea con fechas en Alemania, Holanda o Francia, entre otros países. Todo un indicativo de que su palo parece haber calado más fuera que dentro, algo nada inaudito teniendo en cuenta la poca tradición shoegaze existente en la península.

Como si fuera un sueño, o más bien una siesta, se desvanecieron sin dar síntoma alguno de despedida, salvo por esa voluntad inquebrantable de meter ruido al final y ciertos sonidos marcianos. Regresaron al de poco con un único bis, “Abstinencia”, tal vez su mejor pieza, o una de las más desesperadas, sin duda. Un epílogo que se tornó chirriante hasta lograr que nos trasladáramos a otra dimensión. Sublime.

Ya hemos dicho que no existen demasiadas referencias patrias en este género, por lo que el mérito de estos vigueses cobra todavía mayor importancia al erigirse casi en una especie de isla dentro del panorama estatal. Un refugio a salvo de libros de autoayuda y de tazas de Mr. Wonderful. Déjennos en paz con su falso positivismo. Miseria a borbotones para todos.

TEXTO Y FOTOS: ALFREDO VILLAESCUSA


miércoles, 18 de septiembre de 2019

ROKY ERICKSON. WE’RE GONNA MISS HIM. AITOR OCHOA (SOUL GESTAPO) & MAD MULE + LA SECTA + SILVER SURFING MACHINE: UN PROFETA DE LA ELECTRICIDAD


Kafe Antzokia, Bilbao

Lo suyo de los homenajes debería ser hacerlos cuando el tipo en cuestión está vivo. Pero al igual que las redes sociales se llenan de mensajes de condolencia, vídeos y demás cuando fallece alguien famoso, no deja de resultar paradójico que se produzca tanta muestra de afecto justo en el momento en que uno anda criando malvas. Un fenómeno similar al de esas encuestas de políticos mejor valorados que siempre suelen ganar los líderes de los partidos que menos votos tienen. Las palabras del califa rojo “Queredme menos, pero votadme más” todavía resuenan ante tanto postureo, falso luto y repentinos fans que salen hasta de debajo de las piedras.

No obstante, todo esfuerzo destinado a recordar el legado de cualquier mito es bienvenido, por mucho que llegue tarde y con el interesado bien finado. La verdad es que un servidor nunca ha seguido muy de cerca la trayectoria de Roky Erickson y lo poco que conocemos de él o de 13th Floor Elevators es a través de versiones de otros grupos a los que admiramos, caso de The Hellacopters. Nuestro campo de acción abarca una porción más que extensa de estilos, pero de vez en cuando aparecen algunos flecos. He aquí uno de ellos. 

La Secta y su infierno abrasivo
 Con el predicamento que le presuponíamos a Erickson en el mundillo del rock n’ roll, barruntábamos que el Kafe Antzokia aquella noche andaría a reventar como en otras sesiones de Izar & Star. Nada más lejos de la realidad, pues al principio el ambiente era un tanto desangelado, aunque al final se acabara animando la cosa. Ya lo mencionamos en el post anterior, esa semana parecía que una hecatombe nuclear había asolado Bilbao, apenas se veía a gente, ni en conciertos ni en garitos.

El tributo al pionero del rock psicodélico comenzó con los locales Silver Surfing Machine, una elección muy acertada para el evento, ya que también le dan a las marcianadas siderales. El vocalista Rudy Mental, todo un conocido en la escena, se mostró muy competente tanto a la voz como a la guitarra, lo cual tiene su mérito porque no parece muy sencillo bordar las delirantes y enérgicas seis cuerdas de Erickson. De esta manera se cascaron solos estratosféricos, en otros momentos montaron un interesante mantra hipnótico y acabaron como señores con una apoteosis ruidista de las de poner pelos de punta. Muy decentes, sí señor.  

Silver Surfing Machine bordaron las marcianadas.
 Y un combo con la solera de La Secta tampoco iba a defraudar ni mucho menos. Porque aparte del detalle de que en esta reencarnación actual suenan cañón en directo, como hemos catado en ocasiones precedentes, gran parte de su atractivo en las distancias cortas reside en la actitud de su eterno líder Gorka Munster, que suele oficiar descalzo cual hippie y con un desparpajo similar a Iggy Pop, un grande del escenario, en definitiva.

“Don’t Slander Me”, por ejemplo, les quedó muy digna al recrear a la perfección su rock n’ roll macarra y ambiente de garito humeante. E insuflaron con notable habilidad el infierno abrasivo inherente a las piezas de Erickson, que a veces tampoco distaba demasiado de las composiciones propias. Agallas para regalar.
 
Aitor Ochoa & Mad Mule, el último de los oficiantes.
Aitor Ochoa (Soul Gestapo) & Mad Mule completó el trío de artistas de la noche sin desmerecer en absoluto lo que habíamos visto antes y situándose en pie de igualdad con sus predecesores a las tablas. “Starry Eyes” reveló las extraordinarias cualidades de su voceras al tiempo que su apabullante muro de sonido realzaba hasta una pieza relajada de esas características. Las guitarras potentes volvieron a cobrar protagonismo y no nos olvidamos de ellas ni siquiera en medios tiempos tenebrosos ni en ese rock n’ roll macarra que provocaba que algunos sujetos entraran en trance. Hasta se levantaron mástiles como The Hellacopters.

Tres bandas que bordaron el papel encomendado y que propiciaron que el bolo se nos pasara en un santiamén, a la par que nos abrían los ojos ante el descomunal legado de Roky Erickson. Precisamente un promotor nos comentaba hace poco que estuvo en negociaciones para traer al mismo líder de 13th Floor Elevators cuando de repente se murió. Así sin avisar a nadie. Que descanse en paz este profeta de la electricidad.

TEXTO Y FOTOS: ALFREDO VILLAESCUSA




martes, 17 de septiembre de 2019

SLANDER TONGUE: PLACER DE POCOS


Shake, Bilbao

Debería ser interesante recopilar todos aquellos conciertos que se suceden sin pena ni gloria sin que casi nadie repare en su existencia. Si hace unas décadas había que moverse fuera para poder ver algo de cierta enjundia, la oferta actual de entretenimiento resulta tan desbordante en la capital vizcaína que no es raro el día en el que coinciden varios eventos a la vez. Y entonces toca elegir, apelar a los principios o a las prioridades. Ese lugar donde reside el verdadero e independiente criterio, algo difícil de conseguir y de mantener al margen de las efímeras modas del momento.

Pues bien, el paso de los berlineses Slander Tongue por la bilbaína sala Shake fue más bien un brindis al sol para una paupérrima afluencia que no superaba la docena. Qué se le va a hacer. Estas cosas a veces ocurren. Y no se pueden prever, aunque como nos fuimos dando cuenta a lo largo de la semana, esa sería la tónica dominante tanto en bolos como garitos. ¿Tardías vacaciones de septiembre o qué? Dejemos para los aficionados a lo esotérico las posibles explicaciones. 


Convencer a un servidor para acudir a un recital no es demasiado complicado. Basta leer esa nota de prensa en la que se describía la música de estos alemanes como “Johnny Thunders compartiendo un paseo con Fred ‘Sonic’ Smith por la autopista Quaalude mientras Ian Hunter (Mott The Hoople) y Chris Bailey (The Saints) se emborrachan en el asiento trasero cantando al son de ‘Goats Head Soup’ (The Rolling Stones)”. Guau. Desde luego sí que se han currado la descripción, hasta el punto de que dan ganas de ir después de leer semejante apelación a melómanos con agallas.

Y lo cierto es que moló mucho la parada vasca de Slander Tongue en el marco de una extensa gira peninsular de ocho fechas. Tras un par de singles en Wild Wax Records y Bachelor Records, en la actualidad se hayan preparando su primer larga duración en Slovenly Recordings, por lo que no extrañó que dedicaran el grueso de su repertorio a defender esta novedad que todavía no ha llegado a los mercados.


Como si tuvieran un petardo en el culo, así oficiaron con Soozie y luego con “Back Off”, rock n’ roll macarra en la senda New York Dolls que probablemente no cambiará el mundo, pero por lo menos nos servirá de sobra para pasar un buen rato. A pesar de su juventud, se les notaba muy rodados a los germanos, y también fieles conocedores de la ortodoxia punk, pues encadenaron los temas casi como si hubiera una especie de carrera. Que nadie se pierda por el camino.

Ya nos advirtieron asimismo en esa inspirada hoja de promo que había solos de guitarra que no permitían “ni una pausa para orinar”, por lo que podemos certificar que aquello era cierto al cien por cien, temazos adrenalínicos del estilo de “Shattered Girl” lo atestiguaban. Daba igual que ralentizaran un poco el ritmo con ese deje a lo Status Quo de “Goin’ Down”, sonaban con idéntica garra y capacidad de convicción. Para hacerse fan de inmediato.

“Lucifer” pilló a las tres chicas del recinto en pleno éxtasis bailongo, aunque a los berlineses quizás eso les diera un poco lo mismo porque parecían decididos a echar el resto ante cualquier circunstancia, ni siquiera les desmotivaría el ambiente desolador de la velada. Así funcionan los auténticos profesionales, los que ejecutan su labor sin atender a factores ambientales ni demás excusas estériles.


Lo único malo que destacaríamos de su bolo es que fue demasiado corto. Un hecho que sorprendió hasta al propio gerente del garito, Adrián, que no se cortó en exclamar: “¿Eso es todo? ¡Pero si han tocado treinta minutos!”. Y el promotor, o algún representante de ellos, corrigió enseguida: “Cuarenta”. Pues sí, eso fue todo, amigos. Esperamos un rato por si se les ocurría cambiar de idea, pero nada. Ya andaban en modo descanso.

A pesar de esa escasa duración en la que no te podías permitir ni perder un minuto, salimos de allí con la sensación de haber disfrutado de algo exquisito de verdad, un placer para pocos, para esos elegidos que se informan antes de ir a los conciertos y no dudan en dar una oportunidad a bandas que solo las conocen en su casa. Hay que jugársela de vez en cuando, esa debería ser una de las grandes enseñanzas vitales. Esa noche solo se podía ganar.

TEXTO Y FOTOS: ALFREDO VILLAESCUSA





viernes, 6 de septiembre de 2019

THE TELESCOPES: EL ORDEN DENTRO DEL CAOS


Muelle, Bilbao

Que la música tiene mucho de ritual ya lo hemos dicho en repetidas ocasiones y es algo constatable en cualquier bolo que uno vaya. Hay una liturgia específica, con salmos establecidos de conocimiento obligado para los fieles y con una imaginería particular que puede ir desde lo más campechano de andar por casa a cotas elevadas de elegancia que realmente refuerzan la convicción de estar contemplando algo especial. Se aceptan múltiples maneras de entender la fe, que en realidad es algo muy personal.

Stephen Lawrie de The Telescopes es un tipo peculiar dentro del rollo shoegaze, se le nota nada más verle con esa pinta de eremita aislado de la civilización y con un carácter complicado que puede explotar en cualquier momento, igual que una bomba de relojería. Cuentan que la vez pasada que estuvo en Bilbao salió cabreado a tocar porque no quería compartir hotel con el resto de músicos. Toda una paradoja porque a muchos de los que recalamos allí nos pareció un bolazo de órdago, una maraña chirriante a volumen ensordecedor de esos que te deja pitido durante varios días, marca fundamental para distinguir cuando una cita ha sido antológica. Lo bonito.


Aquella noche en el Muelle, garito de moda con una programación de lo más variada e interesante este mes, quizás no machacaron tanto los tímpanos como en el piso superior del Antzoki, pero demostraron que lo suyo tampoco tiene tanto de caos como pudiera parecer a priori. Eso de la algarabía total y de la ausencia de normas a veces es más un postureo que otra cosa. Incluso en las guerras se sigue cierta lógica con curvas, rectas y trayectorias de proyectiles que pueden resultar letales.

A diferencia de la ocasión precedente, tampoco se congregaron multitudes para catar a los británicos, apenas un reducido grupo de parroquianos constataron que la temporada de conciertos todavía no ha comenzado a pleno rendimiento. Casi en familia y en penumbra oficiaron también los italianos formados en Berlín Sneers, con una vertiente anarco-ruidosa importante y una cantante muy gesticulante que de vez en cuando remitía a la chatarrería fantasmagórica de Nick Cave. Parecían unos tipos muy raros que podrían ser de una secta tipo la de Charles Manson, ahora que vuelve a estar de moda gracias a Tarantino, basta escuchar “No Man Is Poetry” para que a uno le entren ganas de degollar vírgenes o de colgarse de un árbol. Correctos.

Sneers, otros discípulos del ruido.
Y The Telescopes esta vez no salieron enfadados, sino más tranquilitos, algo que se notó asimismo en el volumen, no tan estruendoso como en el Antzoki. Eso nos permitió observar de cerca el orden dentro del caos sonoro que montaron con temas alargados a conciencia que apenas se distinguían unos de otros en un bucle infinito. Distinguir algo en todo aquello debería convalidarse con resolver jeroglíficos egipcios.

Entre la maraña sus ritmos hipnóticos y mecánicos lo mismo remitían al krautrock de Neu! que a los remansos envolventes de My Bloody Valentine, y ellos tampoco se cortaban a la hora de montar jaleo acercando lo máximo posible los instrumentos a los amplificadores y así magnificar la bola de ruido. La fusta de violín que solía sacar el bajista al principio de cada pieza hacía pensar de inmediato en The Velvet Underground o alguna marcianada de John Cale. No aptos para amantes de lo convencional.

Stephen Lawrie en pleno éxtasis ruidoso.
Pero el recital tuvo su punto interactivo, como cuando el guitarra se acercó tanto a los fieles que acabó cediendo el instrumento a un espectador de la esquina, que recibió la ofrenda poco menos como si fuera un objeto sagrado. Y luego más tarde, después de que mudaran parte de la batería en medio de la peña, un tipo del público aporreó el platillo con una precisión asombrosa mientras ellos seguían con su ruidera. Que todo el mundo contribuya a la vorágine sónica.

Las seis cuerdas esa noche sufrieron de lo lindo, pues se les arrastró por el escenario, se convirtieron en improvisado bastón con el mástil apuntando hacia abajo y hasta se estrellaron contra el suelo en un sonoro golpe que hasta dolió a un servidor. Que no se pierda el salvajismo, claro que no. Estas cosas no se ven todos los días.


 La voz hipnótica de Stephen Lawrie nos dejó como único fragmento inteligible una estrofa que decía “I remember everything” (recuerdo todo), repetida con fidelidad ritual y cierto aire místico a lo Woven Hand que podría corresponder a “Everything Turns Into You”, de su último largo ‘Exploding Head Syndrome’. Un momento de trance antes de que al hacha le diera otra venada de esas chaladas y simulara pegar con su instrumento al bajista arrodillado antes de acabar colgando la guitarra sobre un bafle. Como si fuera un jamón.

Y después del instante participativo que mencionábamos antes en el que se aporreó de manera tribal, el voceras Stephen se piró del escenario esquivando gente con toda la tranquilidad del mundo mientras nos dejaban un ensordecedor acople para deleitarnos. El señor del tambor devolvió la baqueta a las tablas sin saber muy bien qué hacer con ella mientras la peña se miraba entre sí pensando hasta cuándo se prolongaría aquel gratuito suplicio auditivo. La intervención del técnico que silenció el acople fue aplaudida como si se tratara de una estrella del rock. La transgresión del silencio.

Como hemos dicho, este recital no rasgó tanto las vestiduras como su anterior incendiaria incursión en la capital vizcaína, pero siguió molando igual su mantra de ruido y hasta ofrecieron una actuación más profesional, si se quiere. Sonará a cuadratura del círculo, pero el orden dentro del caos es posible. The Telescopes lo demostraron el otro día.

TEXTO Y FOTOS: ALFREDO VILLAESCUSA