lunes, 14 de marzo de 2016

STEVIE KLASSON’S BLACK WEEDS: LA CONEXIÓN THUNDERS



Kafe Antzokia, Bilbao

El entusiasmo de un fan puede no conocer límites. Eso mismo pensábamos mientras un conocido del rollo concertil nos relataba cómo llegó a acumular casi una treintena de discos de New York Dolls. Por puro afán coleccionista. Porque, para los que no lo sepan, las leyendas del protopunk neoyorkinas únicamente editaron un par de trabajos en estudio antes de su reunificación en 2004, a instancias de Morrissey de The Smiths, quién lo iba a decir. El reguero de directos olvidados y viejas maquetas se convierte en una senda inexpugnable de la que cuesta salir si uno se adentra demasiado.

Pero entre todo el culto a aquellos tipos de andrógina presencia cuya imagen se inspiró en los travestis de la Gran Manzana sobresale sin duda la escuálida figura de Johnny Thunders, un vulgar yonqui para algunos y para otros un epítome del rock n’ roll auténtico y salvaje, un mito para reivindicar a la altura de otros malditos caídos en desgracia como Stiv Bators o Dee Dee Ramone. Los que dejaron un cadáver bonito, según rezaba la principal máxima de la ortodoxia punk. 


Y siguiendo el hilo musical, entre los múltiples satélites del universo Thunders se hace inevitable no chocarse con Stevie Klasson, miembro de su última banda The Oddballs y una de las primeras personas en enterarse de su extraña muerte en Nueva Orleans allá por 1991. Un personaje de apariencia crápula que también ha militado en Hanoi Rocks, insignes representantes del glam rock de jeringuilla y chute en vena, y que recientemente ha editado un libro-disco en el que lo mismo relata sus vivencias en la carretera como ofrece una personal receta de albóndigas caseras con espaguetis.

Motivos más que suficientes para repetir la cita con uno de los espadas del rock decadente, ese que nunca saldrá en las radiofórmulas ni lo verás relucir en las estanterías de los que agotan las entradas para Bruce Springsteen. No nos sorprendió por tanto el ambiente íntimo de la velada, ni tampoco cabría reprochar la escasa asistencia a un día intempestivo, esto era música de perdedores, las masas estarían tranquilamente en sus casas con una mantita y pensando en los tipos de interés o cualquier otra majadería.


A pesar de que lo suyo no sean las grandes muchedumbres ni los estadios, Stevie Klasson sigue conservando el aprecio de sus seguidores, tal y como se pudo constatar cuando tras “Gimme More” y “Hoodoo Cadillac”  una chica del respetable gritó su nombre y este respondió con un “¡Wow!” quitándose importancia, como si la cosa no fuera con él.

Al parecer había también partido esa jornada y el bajista trató de confraternizar con la reducida audiencia preguntando por el resultado del encuentro antes de que Stevie le interrumpiera diciendo “Esta gente no está interesada en el fútbol, sino en el rock n’ roll”. Todo un alarde de principios que revela la pasta de la que está hecha este tipo calado con sombrero y pinta canalla.

Stevie Klasson, todo un perdonavidas.
 Sobrevolaba un aire escandinavo a lo The Hellacopters en su repertorio, tal vez por la aportación del mítico Boba Fett a la guitarra, aunque la sombra de Diamond Dogs, banda de la que proceden la base rítmica, también se sentía en cortes tipo “Bedspring Symphony”, mientras que en la bluesera “Gypsy Lullaby” venía a la mente aquel delicioso “Two Time Loser” que Thunders grabara para ‘Copy Cats’ junto a Patti Palladin.

En un concierto de rock n’ roll la actitud debería serlo todo, o por lo menos la mayor parte. Y es evidente que el señor Stevie Klasson ‘got it’, que dirían los ingleses, puesto que levanta el mástil igual que si estuviera ante miles de personas y hay un sentimiento de dignidad que no le abandona en ningún momento, a veces parece incluso que nos perdona la vida, chulería lo llaman algunos, aunque en realidad se trate de glamour o el convencimiento de que subirse a un escenario es un acto extraordinario y como tal merece honrarse.

El mítico Boba Fett (The Hellacopters) junto a Martin Tronsson (Diamond Dogs, Dregen).
 Pero su carácter cercano evita endiosamientos o atisbos de ombliguismo, basta notar que justo al terminar el recital corrió a firmar discos y departir con el personal, nada de recluirse en la torre de marfil del camerino como hacen muchos. Se puso graciosete al advertir a las féminas de que el bajista se acababa de divorciar, por si había alguna interesada, hay que fomentar el lado crápula.

“If I Do” vuelve a recordar a los recientemente desaparecidos suecos capitaneados por Sulo y “Lucky” se antoja un canto de esperanza para los que ya no tienen nada que perder. Evocaron ambientes humeantes en “Don’t Mess With Evil” con esa cadencia de ritual vudú y coros pausados que podrían acompañar contoneos femeninos. La atmósfera pantanosa propició que en un momento dado cercano al “Born On The Bayou” alguien gritara desde las primeras y únicas filas “¡Esa Creedence!” o “¡Fogerty!”.


El rock americano continuó con “Who’s Fooling Who” y para un par de temas contaron con la colaboración a los coros de una chica llamada Sara, que no lo hizo nada mal en el inmortal “All The Young Dudes” que Bowie escribió para Mott The Hoople. Estando en familia, los bises eran preceptivos, por lo que retornaron con “Goin’ Mental”, todo un himno de su carrera en solitario, antes de recurrir de nuevo al cancionero ajeno con “Teenage Head” de Flamin’ Groovies, si no nos equivocamos.

Y la letra de “Downbound Train” también podría convertirse en una declaración de principios con eso de “no tenemos amor ni vergüenza” que dice en el estribillo. Nos descolocó un poco que finiquitaran con la pieza instrumental “Silvio’s Deathwaltz”, aunque teniendo en cuenta que se había convertido aquello en una noche de lo más especial por los contados espectadores, le perdonaríamos la osadía.

Era la segunda vez que lo veíamos y salimos con idéntica sensación de satisfacción, de haber contemplado a un tipo sincero a los que las ventas se la traen floja, como bien demostró desde el puesto de merchandising dejando sus álbumes casi tirados de precio. La conexión Thunders, toda una manera de hacer amigos. Y de conocer artistazos.

TEXTO Y FOTOS: ALFREDO VILLAESCUSA


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