martes, 6 de octubre de 2020

EL COLUMPIO ASESINO: CONTAMINADOS HASTA LAS TRANCAS

Sala BBK, Bilbao 

Habrá que acostumbrarse a esto de los conciertos separados y con mascarillas. Sobre todo cuando parece ser esa la única vía para sortear la férrea censura dictatorial impuesta por esas autoridades sanitarias que vinculan ocio nocturno con muerte y no tienen tanto remilgo a la hora de confinar peña en transportes públicos y aerolíneas. Pero hay cosas que no pueden ser, ya que dicho formato intimista no se antoja el más adecuado para ciertos grupos que invitan al fiestón descontrolado, ese puro hedonismo de madrugada que también ha sido proscrito, entre otras libertades arrebatadas desde el inicio de la pandemia. Salga de casa, trabaje y vuelva a su hogar. El futuro de ‘1984’ hace tiempo que llegó. 

De entre los combos que por su energía incitan a venirse muy arriba siempre estarán los navarros El Columpio Asesino, cuyo himno llenapistas “Toro” continúa siendo banda sonora perfecta para el desfase del fin de semana y quizás uno de los pocos ejemplos en el indie patrio en el que se aborda sin tapujos el tema de las drogas. Inclasificables y con un espectacular abanico de influencias que va desde Pixies hasta el post punk o el krautrock, han sorprendido recientemente en su álbum ‘Ataque Celeste’ con un giro hacia sonidos más sintéticos pero en el que no se han desechado esas atmósferas malrollistas que tan bien les funcionaban en el pasado.

Con las entradas agotadas en cuestión de horas, al igual que el resto de las citas con las que la sala BBK celebra su décimo aniversario, el ambiente a reventar andaba garantizado en el interior. Al contrario de lo que sucedió en Los Punsetes, cuando en torno a la mitad del aforo decidió no acudir al evento debido al mal tiempo, en esta ocasión seguro que no sobraron demasiados sitios, incluso un servidor tuvo que echar un ojo a su asiento para que unos advenedizos no se lo mangaran. Maravillas de los aforos reducidos, casi podríamos entretenernos jugando a las sillas. 

 La artista multicultureta Hakima Flissi gozó del privilegio de abrir la velada, aunque no nos sedujo demasiado su rhythm & blues de efluvios comerciales y algún destello soul. Es evidente que la chica posee una voz deslumbrante que llama la atención, pero cuando se acerca a los sonidos trap o latinos, con la notable aportación de una DJ bailonga, a uno le entran ganas de esconderse debajo de la mesa y no salir de allí hasta que el temporal haya amainado. Una mera cuestión de gustos con la que no sintonizamos, sin más. 

Hakima Flissi y su rollo multicultural.
      

Todo lo contrario de El Columpio Asesino, cuyo rollo experimental llevamos adorando casi desde el primer disco. Y por supuesto el golpe de timón que han dado con su último largo ‘Ataque Celeste’ lo abrazamos sin complejos, puesto que no vale cualquiera para saltar con tanta precisión del rock a la electrónica y no enredarse con el almíbar por el camino, quizás New Order en el ‘Get Ready’ y poco más. Una deconstrucción en la que los géneros dejan de importar y nos obligan a centrarnos solo en lo importante: la música. .

A modo de intro futurista con ecos de Aviador Dro, “Ataque Celeste” ya nos puso en guardia de que ese concierto sería especial por diversos motivos. El más obvio lo estábamos sufriendo con las dichosas mascarillas y la distancia de seguridad, pero también iba a ser la primera vez en la que veríamos sentado a un grupo que llevaba el ADN del descontrol muy metido dentro. Y la experiencia resultó de lo más gratificante, con un inicio realmente sensacional con “Huir”, constatación práctica de que el malrollismo no está reñido con la electrónica, y “Preparada”, otro temón para las distancias cortas que nos recuerda que “para empezar de nuevo hay que morir”. Que el fuego nos purifique a todos. 

 

Sin condescender en absoluto a la hipocresía quedabien, “Sirenas de mediodía” constituyó otro paso importante en el descenso a los infiernos que nos proponían los navarros. La voz de Cristina Martínez sigue sobrecogiendo en directo e insuflando brío a esa vertiente siniestra que les emparenta con Parálisis Permanente. Esta mujer debería ser la femme fatale definitiva del indie patrio. 

No se desviaron de la senda oscurilla con “Babel”, otra pieza que podría atronar en cualquier sesión gótica. Y añadieron dinamismo al asunto con los tonos casi susurrantes de Cristina mientras aporreaba una baqueta marcando el ritmo. Sin pausa que valga enlazaron con “La lombriz de tu cuello”, otra letra insana por doquier. Esto es lo que de vez en cuando hace falta, nada mejor para liberar tensión y cabreo contenido. Que los buenrollistas se metan las tacitas de Mr. Wonderful por donde les quepa. 

 

Con este panorama de efecto ascendente contener las emociones desde el asiento se antojaba complicado, por lo que no era extraño contemplar a algunos asistentes agitarse como si llevaran una camisa de fuerza. Bastaba pronunciar palabras mágicas tales como “Un coche bomba estalla en Moscú” para que el personal alcanzara el delirio y entonase las estrofas restantes como buenamente se podía con mascarilla. Si esto hubiera sido de pie y sin restricciones que valgan, se habría liado muy parda. 

 “A la espalda del mar” es otro corte negrísimo cual tizón que cuestiona ese empeño en meterles en el cajón de sastre de los indies, a pesar de que esos giros perturbados que otorgan a sus letras les alejan miles de kilómetros de Dorian o Love of Lesbian, por ejemplo. Sacaron el guante de seda con “Perlas”, que les quedó muy My Bloody Valentine antes de devenir en shoegaze chirriante. Versatilidad a tope. 

La guitarrista y vocalista Cristina agradeció la descomunal respuesta recibida, no sin asegurar que se tirarían “horas tocando los discos”. Estaba más que cantado que para despedirse recurrirían a “Toro”, su llenapistas definitivo y que no cansa por mucho que se escuche mil veces, esos guitarrazos siguen sonando a gloria en las distancias cortas. Cualquiera se movía de allí después de semejante subidón, eso mismo nos dijeron ellos al darse cuenta de la jugada. “Estáis como para ir a casa”

 

No quedaba otra que regresar en breve, algo que hicieron por todo lo alto con “Your Man Is Dead”, una pieza primigenia tan macarra como siniestra. “Se supone que el rock es para contaminar”, nos dijo el batera Álvaro y Cristina puso en duda tal afirmación. Muchos interpretaron aquello como una señal para la rebelión, para levantarse de la silla y atreverse a moverse, actos totalmente proscritos en la actualidad. El festín contó además con “Vamos”, otra tonadilla de alaridos para alcanzar el éxtasis con delirio ruidista y trompeta. ¿Qué más se puede pedir? 

 Acabamos contaminados hasta las trancas por sus letras insanas y su desmedido talento para adaptarse a las circunstancias actuales. Porque eso de conseguir sobresalir en un recital en el que la única interacción posible consiste en dar palmas ya tiene su mérito. Ya lo hemos dicho antes, pero lo volvemos a repetir para que quede bien claro, la que habrían montado si no existieran las medidas vigentes para la celebración de conciertos. El entusiasmo es un arma muy peligrosa. Normal que no nos dejen juntarnos.

 

 TEXTO Y FOTOS: ALFREDO VILLAESCUSA

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