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miércoles, 10 de enero de 2024

SONIC TRASH + VÍCTIMAS CLUB: COALICIÓN IMPEPINABLE

 

Kafe Antzokia, Bilbao

 

En tiempos de extrema polarización política y caza de brujas por doquier siempre emocionan las uniones, las sinergias creativas o cualquier otro intento de acumular fuerzas por una buena causa. En este caso, la coalición de talentos que nos ocupa no ha sucedido para salvar a las ballenas ni tampoco para cambiar el mundo, sino simplemente porque sí, para reivindicar la sintonía entre dos formaciones diferentes en lo musical, pero con un denominador común tan contundente como el rock.

 

Víctimas Club
 

Otro nexo de unión entre ambas bandas estaría en cierta fijación por las maneras de antaño. Pero cuidado, no hablamos de la prehistoria, aunque hoy en día lo parezca esa época en la que los lanzamientos de discos eran todo un acontecimiento y no había que aguantar a ejércitos de chorras en los conciertos con el móvil en ristre grabando vídeos que luego nunca verán. ¿Qué podría haber más vintage en la actualidad que sacar lo que se llama un split? Que cada cual haga el sencillo ejercicio de evocar el último álbum conjunto que recuerda.

A pesar de las altas expectativas depositadas por muchos que escucharon el esfuerzo colectivo, lo cierto es que el concierto parece que se trasladó en el último momento al piso superior del Kafe Antzokia, con menor capacidad que la planta de abajo, pero con más rollo de garito. La época navideña no suele destacar por la espectacular afluencia en bolos, pero para tratarse de un simple miércoles en medio de ninguna parte se consiguió una concurrencia bastante reseñable.

Víctimas Club
 

Abrieron Víctimas Club con Pela dominando la situación desde el comienzo y un respetable realmente volcado, sobre todo en las primeras filas. Los que ya les habíamos visto en ocasiones anteriores sabíamos de sobra el considerable poder en las distancias cortas de “Profesional”, “Somos tu nueva normalidad” o “¿Cuánto tiempo llevamos así?”, capaces de elevar las gargantas hasta la estratosfera por lo menos.

Mencionar que este proyecto surgió justo antes de ese brutal recorte de derechos y libertades conocido como pandemia, pero a pesar de los grandes inconvenientes de dicho periodo, lograron mantener viva la llama hasta el momento de grabar su primer, y hasta el momento, único larga duración, ‘El castigo es colectivo’. 

Víctimas Club
 

Diría que gran parte de esa energía inherente a las composiciones sigue presente en directo, algo que se notaba en trallazos del calibre de “Farsantes contra farsantes” o cualquier otro del debut. Al igual que en bolos anteriores, recuperaron “Mundo mejor” de Sumisión City Blues, aunque Pela advirtió que ese tema “se quedaba para Barakaldo”, el lugar donde la extinta formación ofreciera su último recital.

Había que dar cuenta del material más reciente, por lo que no tardaron en irrumpir “Chicas que”, que se recibió como un auténtico clásico, o “Humillante speed”, con Pela haciendo gestos de esnifar. Se presentaron como “Sonic Trash” y dijeron que eran de “Neguri”, aparte de presumir de su amistad en redes sociales con Fermín Muguruza. “Ya sé que en Bilbao no significa mucho, pero en el resto de Euskal Herria es la hostia”, dijo el frontman.

Víctimas Club
 

Insuflaron poso mesiánico a lo The Doors al final en “Cortando encía”, que se inició en plan sermón con las palabras: “El tiempo está en todas partes” y se transformó en un soberbio in crescendo con ecos psicodélicos y hasta funky como de James Brown de tripi. El solo de Joseba volvió a convertirse en otro de los momentos impagables de la noche y hasta desató un “lo lo lo” no futbolero. El listón había quedado muy elevado.

Cambio de rollo total con Sonic Trash, que dieron desde el principio cancha al split con “Serendipia” o “Algoritmos”. Los bilbaínos eran otra garantía infalible para un bolo trepidante por esa amplitud de estilos que va desde el post punk al rock alternativo noventero, entre otras cosas. Y el saber estar en escena del vocalista y guitarrista David Hono tampoco conviene pasarlo por alto.

Sonic Trash
 

Siguieron además con la broma iniciada por sus compis de velada y se presentaron como “Víctimas Club” y su frontman ironizó con que había engordado un poco. Si los precedentes a las tablas habían gozado de un sonido contundente, no menos cierto se antojaba el caso de los segundos en liza, con un impresionante muro que no restaba ímpetu a la propuesta de los locales.

“Kalamity”, con ese aire oriental del comienzo sobrevolando en el ambiente, fue sin duda uno de los puntos álgidos de su breve repertorio, aunque apelaron del mismo modo al rock con actitud en “Gure Nights” o “Bilbao Speed City”, su himno dedicado al Botxo. Puede que no fueran tan viscerales como Pela y compañía, pero disponían de una notable faceta guitarrera a la que dieron rienda suelta aquella noche.

Sonic Trash
 

El acomodo o tirar de lo fácil tampoco iba con ellos, por lo que manejaron con mucha solvencia las cadencias y el ambiente noctívago a lo Nick Cave en “Ginebra”, otra muestra del reciente split. Ya hemos dicho que no se trató de un recital extenso, pero todavía consiguieron mantener el interés de los fieles con “Amnesia” y un “Hey chica” apabullante que terminó de desbordar los ánimos de la afición.

Lo cierto es que la cita en general se nos pasó a velocidad supersónica, por lo que hubiéramos deseado una mayor duración de ambos bolos, aunque no olvidemos que cuando uno apenas se entera de un concierto suele significar que ha sido muy dinámico. ¡Larga vida a esta coalición impepinable!

lunes, 5 de junio de 2023

IZAR & STAR BEREZIA ‘TOM VERLAINE MARQUEE MOON’ – EL INQUILINO COMUNISTA + SONIC TRASH + EZEZEZ: SACANDO LUSTRE AL LEGADO DE UN GENIO

 

Kafe Antzokia, Bilbao

 

Hay versiones que no las hace cualquiera. Es el caso de una piedra angular del tamaño del mítico ‘Marque Moon’ de Television, un material que incluso todavía bien entrado el siglo XXI sigue sonando profundamente marciano y vanguardista. Como si a un extraterrestre le hubiera dado por hacer un álbum que rompiera con toda la tradición pretérita anterior y a la vez marcara directrices futuras a miles de discípulos aventajados. Un faro que iluminara los derroteros que tomaría la llamada música alternativa en las próximas décadas.

Sonic Trash
 

La muerte de Tom Verlaine el pasado mes de enero fue un acontecimiento de tal magnitud como para provocar que regresara el ciclo Izar & Star en el que artistas vascos homenajeaban a grandes figuras internacionales. En este caso, como nos contaron algunos de los involucrados en el homenaje, hubo los que desecharon la propuesta conscientes de la complejidad intrínseca de la misma o por ser incapaces de abordarlo con la mínima dignidad requerida. No era una mera excusa, pues, como hemos dicho, cualquiera no podía ponerse a tocar aquello.

Pese a que Television y el legado de Tom Verlaine no era ni mucho menos para todas las masas, una considerable multitud se congregó en el bilbaíno Kafe Antzokia para rendir tributo a un irrepetible genio de las seis cuerdas. Creo que la única oportunidad de escuchar un repertorio semejante la tuvimos en un festival Azkena en el que la banda del propio Verlaine interpretó en su integridad ‘Marque Moon’, algo ya de por sí extraordinario.

Ezezez
 

Los primeros en liza fueron Ezezez, cuyo vocalista nos sorprendió sosteniendo unos papeles como si fuera a recitar a Bécquer o algo similar, en vista de la complejidad del cancionero pasaremos por alto este pequeño detalle. Brillaron en una revisión de “Friction” en la que bordaron los arrebatos ruidistas de la original. Y su cantante de apariencia literaria también se movió cual pez en el agua por los tonos de aire desgarbado típicos del art punk.

David Hono, de Sonic Trash, sin guitarra.
 

Tomaron el relevo Sonic Trash, que por estilo pegaban bastante en el homenaje y que sin duda nos legaron uno de los momentos de la velada al atreverse con la pieza homónima “Marque Moon”. David aparcó para la cita la guitarra, por lo que así se pudo concentrar únicamente en la voz, que sobresalió al interpretar con cierto rollo Lou Reed, pero sin renunciar a aportar su toque personal. Quedaba claro que en un sarao de estas características su presencia era fundamental. Por principios y también por motivos artísticos, bien lo demostraron.

El Inquilino Comunista
 

Los veteranos El Inquilino Comunista, antaño representantes de eso que se llamó con poco criterio “Getxo Sound”, exhibieron galones con una emotiva “Venus”, que resultó del mismo modo de lo mejor de la noche. El vocalista restó dignidad al asunto al afirmar que Verlaine metía “unos gallos espantosos”, por lo que cualquiera del público estaba invitado a subirse y agarrar el micro si lo consideraba pertinente. Obviamente, nadie se atrevió. Si abordar la música ya producía vértigo, no hablemos ya de arrancarse con un estilo vocal en apariencia descuidado, pero que entrañaba mayor dificultad de la imaginable.

Su poso chirriante indie confirmó que su elección en la cita estaba de sobra justificada, por lo que su maraña de ruido controlable noventero cursó a un nivel más que aceptable. Otra interpretación que les ganó el cielo fue la de “See No Evil”, la pieza que abría precisamente ‘Marque Moon’ y que llevaron con notable habilidad a su terreno. Brillantes, especialmente en el apartado instrumental.

El Inquilino Comunista
 

Esperábamos al final que salieran los tres grupos a escena para un tema conjunto, al igual que se solía hacer en ocasiones pasadas en los Izar & Star, si mal no recuerdo, pero no se produjo tal coalición de talentos que habría finiquitado el acto con propiedad. A pesar de ello, no era cuestión de quejarse después de lo que habíamos contemplado. Mereció mucho la pena el evento.

Fue una oportunidad única de escuchar en directo canciones que forman parte de la historia del rock y del legado de un genio que seguramente costará que se vuelva a repetir, por lo menos encima de un escenario y sacando tanto lustre. Permanecerá en la eternidad ese álbum con una portada enigmática y siniestra en la que aparecían cuatro tipos que lo mismo podrían vender biblias que cambiar para siempre la cara de la música de la época. Qué suerte que les diera por hacer lo segundo. Gloria eterna a ellos.

 

TEXTO Y FOTOS: ALFREDO VILLAESCUSA

 

 

lunes, 3 de mayo de 2021

SONIC TRASH ‘KING KONG PARTY’: FESTÍN GUITARRERO

 

Siempre en mi equipo todos aquellos que van a su rollo sin importarles lo que esté o no a la moda en un momento dado. Hablamos de esos artistas en el sentido más puro de la palabra que siguen fieles a una visión particular y no se apean de ahí por mucho que caigan chuzos en punta. Olvídense de ellos los advenedizos y los que dicen que no son de nada porque en realidad se apuntan a lo que toque, esos que cuando entran en los casinos van con la banca, porque ya se sabe de sobra cuándo gana.

En este espectro de disidentes podríamos encuadrar a los bilbaínos Sonic Trash, que gracias a su longevidad y su peculiar estilo se han convertido en un auténtico referente de la escena local alternativa. Podrán evocar referencias manoseadas hasta la saciedad como las de Sonic Youth o Lagartija Nick, pero la diferencia entre ellos y los otros miles que les reivindican es que ambos nombres se integran con naturalidad en una versátil coctelera en la que cabe desde el rock de ahora hasta el de antes, eso que Jerry Corral con notable acierto describía como “alto voltaje”. La típica música que te haría saltar del asiento de un plumazo.


Esa propuesta sigue intacta en este manifiesto guitarrero llamado ‘King Kong Party’ que evoca una sensación semejante a la de despertarse en pelotas en un sofá de una casa desconocida con un leve dolor de cabeza como único testimonio del desfase de la noche anterior. Pero que nadie se asuste, puesto que este jolgorio se antoja para todos los públicos, para esos seres superiores que beben como cisternas y también para los melifluos que se emocionan con un sorbito de champán. Lo importante aquí es la actitud, o ir a los sitios con ganas, como se diría coloquialmente.

Ese fervor nos lo despiertan de inmediato con “Kalamity (Zure Zapore Berria)”, un derroche de chulería con marcado sabor noventero que en las distancias cortas tiene que atronar. Y eso por no mentar la hipnótica atmósfera creada entre ritmos de inspiración oriental, un bajo imposible de obviar por su noctívago influjo y los adictivos tonos de David Hono y Birkite Alonso coaligados en tormenta perfecta. De enmarcar. “Bilbao Speed City” va tan a la yugular como el propio título y en esas circunstancias solo podríamos esperar rock n’ roll acelerado con cierto punto macarra para recordar a la ciudad que les vio nacer, otro trallazo para reventar en los bolos.  

Sin perder empaque, “Orient Ltd” se acerca bastante a lo que hacen en la actualidad sus paisanos Capsula, por lo que podría incluirse sin problemas en alguno de sus últimos lanzamientos. Y “Sexy Bass” suena mucho más personal, con notables juegos de voces y un enérgico estribillo de los de levantar mástiles al cielo. El aquelarre sónico de la parte final debería ser por derecho propio uno de los instantes destacados de este redondo.

“Amnesia”, por otra parte, se regodea quizás en la faceta más psicodélica de la banda, aunque en ocasiones sea inevitable obviar el ramalazo Lagartija Nick de la época de ‘Inercia’. Menos mal que hay momentos en los que no hace falta ni pensar, como al escuchar “Acelerado”, más rock n’ roll descarado en el que Hono vuelve a destacar como vocalista y que no requiere explicación intelectual alguna. O se siente o no. Eso es todo.

El último tramo no desfallece con “Kamazotz”, otra pieza enérgica con guitarreo, percusión epatante y un rollito fantasmagórico como de ritual vudú. Muy chulo les queda asimismo el inicio spaghetti-western de “Amarcore” para ponerse poncho y mascar tabaco antes de devenir en un curioso medio tiempo no exento de rabia y plagado de sutiles detalles. “Cortes” apela una vez más a las agallas por su incesante ritmo, pese a que tampoco se cortan a la hora de utilizar voces en off y otros recursos que te harán desechar esa idea equivocada de que se trata de un mero tema de relleno. Una maravilla que gana en cada escucha con unos segundos finales de infarto.

Después de haber elevado el pabellón hasta la estratosfera, poco más podría esperarse, pero se apuntan otro tanto en “Alma caníbal” con la aportación de un coro de niños en alemán. Un elemento pintoresco que tampoco habría incrementado demasiado el atractivo intrínseco que ya posee dicha composición por su aire Bowie o Lou Reed. El epílogo para reposar o elevarse hacia otra dimensión. Que cada cual elija su cuelgue favorito.

En definitiva, aquí tenemos un festín guitarrero que llamará la atención de los fieles y de los que no se conforman con cualquier cosa que repita los esquemas manidos de siempre, algo que se agradece especialmente en combos maduros con una importante trayectoria a sus espaldas. Que nadie vuelva a decir que es imposible eso de nadar y guardar la ropa, apuntar a la cabeza y al corazón al mismo tiempo. Hay múltiples lanzamientos que lo atestiguan, este es uno de ellos.

 

ALFREDO VILLAESCUSA