Mostrando entradas con la etiqueta kurt baker. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta kurt baker. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de marzo de 2023

KURT BAKER BAND: ESTRELLA DE ROCK DE NOCHE

 

Kafe Antzokia, Bilbao

 

Si hubo algo que verdaderamente eché de menos durante los años que duró la pandemia fue ver en directo a Kurt Baker. Los que me leen saben de sobra que este artista estadounidense me parece uno de los grandes talentos contemporáneos que se pueden escuchar hoy en día. Parece poseer en su cabeza la fórmula mágica para componer canciones perfectas, con pegada, estribillos memorables y todo aquello que debería poseer el rock n’ roll más glamuroso, por algo le solemos llamar el príncipe del power pop, porque de rey de ese género ya tenemos a Paul Collins. 

 

 La debilidad por este oriundo de Portland no se ciñe únicamente al aspecto musical, sino también al sentimental. Voy a confesar algo en exclusiva para los lectores del blog, ahora que no nos oye nadie. Lo cierto es que podría decir incluso que hasta me enamoré en un concierto de Kurt Baker. No de una chica que estaba allí (podría ser, a esos bolos van muchas féminas), sino de una ya fichada de antemano pero que a partir de entonces empezamos a hablar hasta altas horas de la madrugada. Recuerdo que cuando se inició aquel rollo iba flotando entre la emoción de esto último y el bolazo que se había cascado Baker en el Crazy Horse bilbaíno. Y no sabría precisar qué ocasionó el mayor subidón en aquel momento.

Tuvieron que pasar unos cuantos años para que Kurt Baker regresara a la península, con una gira larga que por supuesto pasó por Bilbao, en concreto, por un lugar tan acogedor como el piso superior del Kafe Antzokia. Vendría además acompañado por su propia banda estadounidense, algo que no se producía desde hace una década. Un dato realmente relevante, pues esa formación grabó joyas del calibre del reciente reeditado ‘Brand New Beat’, entre otras cosas.

 

A pesar de que coincidía con el dichoso fútbol, hubo una concurrencia importante para recibir al músico de Maine, que salió con su actitud habitual de comerse el mundo con “Send Me To Mars”, todo un trallazo para despertar al personal. Sin pausa alguna, encadenó con un clásico en su trayectoria como “Don’t Steal My Heart Away”, otra composición redonda que además demostró que de cualidades vocales no había perdido un ápice.

Por la maldita pandemia nos quedamos sin disfrutar en directo de un discazo como ‘After Party’, pero esa noche lo remediaron rescatando “New Direction” o la maravillosa “I Like Her A Lot”, que probablemente sea de las mejores piezas que ha compuesto en los últimos años. El repaso a su último trabajo en estudio no se quedó ahí, pues también sonó otro potencial himno como “Over You” o la decente “Wandering Eyes”.

 

El ritmo frenético del comienzo no disminuyó para nada. Se notaba que era la banda con la que Baker había compartido ya varias vivencias, pues había una química tremenda entre ellos, a veces parecía que se comunicaban únicamente con miradas. “¡Qué elegantes!”, dijo una chica, y era verdad, pues su aspecto se asemejaba al de dandis tipo Elvis Costello.

No faltaron tonadillas festivas de la envergadura de “Electric Fire”, en cuyo vídeo Baker se marcaba un fiestón impresionante en la azotea de un edificio. Para dejar claro que sus compañeros no eran meras comparsas, el carismático frontman reservó instantes de protagonismo tanto para el teclista, que se cantó un tema, como para el otro guitarra. Aquí no había jerarquías de ningún tipo, todos eran iguales encima del escenario y trabajaban en conjunto para el máximo bien común, hacer disfrutar a la gente.

 

El repertorio resultó muy variado, pues picoteó de varias etapas de la trayectoria de Baker, desde los inicios hasta cosas más recientes como “Foolish Stuff”, con su aire The Beatles total, esos “oh yeah” son puro John Lennon, o por lo menos eso le parece a un servidor. Un orfebre de la melodía en pleno esplendor.

Kurt anunció “una canción especial” y cedió de nuevo el testigo de las cuerdas vocales a su escudero guitarrista para “Love Will Lead The Way”. Sorprendieron con una enérgica revisión del “Rock N’ Roll Star” de Oasis que transmitió un buen rollo impresionante. A los hermanos Gallagher nunca les tragué, pero lo cierto es que tampoco había demasiado parecido con la original.

 

El poso rockero a lo Bob Seger de “Can’t Wait” siguió elevando la temperatura del recinto, pero no dudaron en bajar un poco las revoluciones con “Good” de su último álbum, que funcionó bastante bien en las distancias cortas. “Move Up” era otro corte reciente que probaron justo después, un completo acierto, esperemos que siga en un futuro en el repertorio, ideal para quemar garitos en una noche de farra.

Baker ha vivido un tiempo considerable en la península, por lo que sus conocimientos de castellano le permiten comunicarse con el personal, pero rizó el rizo al intentar traducir al euskera el expresivo título de “Yeah Yeah”. Daba igual, la peña iba a bailotear de la misma manera, aquello era un lenguaje universal. 

 

“Qualified” mantuvo el interés antes de un “Partied Out” que incitaba al desmadre, pero lo que provocó que algunos dieran hasta saltos fue “Don’t Go Falling In Love”, una pieza redonda con las principales marcas de fábrica de la factoría Baker. Soberbia elección para terminar como en una nube.

Los gritos de la concurrencia provocaron que Kurt y compañía no tardaran mucho en regresar con más cortes historia viva de su trayectoria, caso del power pop de manual de “Telephone Operator” de The Leftovers o una revisión tan del rollo de Baker como el celebérrimo “Cruel To Be Kind” de Nick Lowe. Un broche de altura. Ya si hubiera seguido con el “Hanging On The Telephone” de The Nerves habríamos alcanzado el éxtasis.

En suma, fue un repertorio muy diferente al que solía hacer antes de la pandemia, pero era lógico, los acompañantes tampoco tenían nada que ver. Nuestras existencias cambiaron bastante durante ese periodo en el que hubo que recluirse en casa a la fuerza. Baker dijo que incluso trabajó de camarero en su ciudad natal. Un simple pasatiempo, pues al subir a un escenario se sigue desatando su verdadera pasión, ser una estrella de rock de noche. Que vuelva cuanto antes.

martes, 31 de diciembre de 2019

KURT BAKER COMBO: TODO UN REGALO NAVIDEÑO


Crazy Horse, Bilbao

Las tradiciones no reconocidas como tales suelen ser las mejores. Hablo en concreto de esa especie de rituales que no acostumbran a plasmarse por escrito de manera oficial, pero que suceden con precisión mecánica cada año. No hacen falta luz ni taquígrafos para certificar la voluntad inexorable de llevar algo a cabo, sino simplemente que existan las ganas de ello. Coger el toro por los cuernos y plantarse en el lugar en cuestión. Sin darse excesiva pompa. El embrión del famoso hazlo tú mismo punk.

Entre estas costumbres no establecidas oficialmente destacaríamos el bolo que suele ofrecer por estas fechas el estadounidense afincado en la península Kurt Baker. Si en alguna ocasión hemos mencionado aquella regla que situaba un recital de The Dictators o Sex Museum en el Kafe Antzokia invariablemente cada Semana Santa, con alguna excepción de por medio, creo que podemos ya incluir en la misma categoría los conciertos del príncipe del power pop en el Crazy Horse. Un lugar que ya siente como su casa y que incluso cuenta con auténticos clásicos del garito, como comprobaríamos a lo largo de la velada.


Con una notable afluencia de parroquianos habituales del rockerío bilbaíno, como Iñaki y Pepe de Turbofuckers o Fabi de Penadas Por La Ley, estaba claro que el ambiente no sería un problema aquella noche. De hecho, todas las veces que hemos visto a este crack de Portland ha habido entre el respetable un jolgorio de impresión. Lo más normal con temas enérgicos que invitan a la diversión y al buen rollo.

Todavía coleteaba su último trabajo de estudio ‘Let’s Go Wild’ en este regreso por tierras vascas de Kurt Baker Combo, pero la principal novedad observable a simple vista era la nueva formación de la que se ha rodeado el de Maine en esta ocasión. Lo más llamativo era que ya no estaba su batería chalado ruso con desbordante ímpetu, en su lugar teníamos a un chavalín con pinta mod que dio el callo como un profesional, aunque algún que otro detalle revelara su excesiva frescura. Y para reforzar más su potente sonido, había ahora también otro guitarra que libraba a Baker de las seis cuerdas para concentrarse en su faceta de frontman, algo para lo que ha nacido, sin duda.


El trallazo “Upside Down” funcionó a modo de percutor del show en el inicio, y sin despegarse del álbum ‘In Orbit’, enlazaron con “Baby’s Gone Bad”, power pop reconocible a lo largo y ancho del globo terráqueo desde las primeras notas. Turno de volver al material reciente con “So Lonely” y “Foolish Stuff”, otro par de piezas para epatar en las distancias cortas. Y lo mejor de todo es que casi ni hay descanso entre medias, salvo algún arrebato parlanchín que hasta le podemos perdonar al orfebre de melodías.

“Everybody Knows” es otra fundamental en sus directos, mientras que “I Can’t Help Falling In Love” constituye un avance que ya editaron el pasado verano. Al carismático voceras siempre le gusta regresar a Bilbao, no lo tiene ni que esconder, por eso se le notó muy motivado, buscando el contacto con el respetable y tratando que los fieles vivieran otra noche antológica. Y a buen seguro que lo consiguió junto a sus compinches.


Su fortaleza como compositor reluce en “Next Tomorrow” y en el “Nobody But Me” de Isley Brothers no puede evitar acordarse de que siempre la ha tocado en el Crazy Horse, según explicó antes de hacernos la pelota diciendo con su notable acento guiri que “Vitoria quizás es más verde, pero Bilbao es más fiesta”. Muy cierto. ¿Quién quiere capitales sostenibles con cero ambiente nocturno? Dejemos los largos paseos por los parques para la senectud.

Y después de esa joya llamada “I Can’t Wait”, el norteamericano siguió dorando la píldora explicando que había venido desde Chicago expresamente para tocar y que allí no había “ni Guggenheim ni tortilla de patata”. La palabra “chupitous” sonó por primera vez, esperando que alguien se hiciera eco de la petición. A la espera del bebercio para músicos, los parroquianos refrescaron el gaznate con el clásico de Leiber y Stoller “Love Potion No.9”, que con los tonos melódicos de Baker se antoja casi gloria bendita. Posee un ojo clínico para las versiones, basta escuchar su disco ‘Got It Covered’ de 2010.


“Can’t Go Back”, lanzado el pasado noviembre, sería otro single reciente que no desentonaba en su equilibrado repertorio antes de emprender viaje a “otro planeta” en “Sends Me To Mars”. Durante este intervalo, por fin llegó la priva para los artistas y Baker brindó con los asistentes por el año nuevo, al tiempo que exhibió su espíritu navideño, no en vano ya ha grabado algún tema típico para estas fechas como “Christmas In The Sand”.

Y en “Partied Out” apeló al desmadre festivo que tanto le gusta, no sin desear no tener “resaca” al día siguiente, dudamos que consiguiera semejante proeza. Un alma caritativa acercó un chupito a Kurt y este no dudo en calificarle como “el santo de Navidad”, lo fácil que es hacer feliz a este hombre. En pleno apogeo del despiporre, encadenó un trío de infarto con “Don’t Steal My Heart Away”, “Don’t Go Falling In Love” y un “Aorta Baby” que a estas alturas ya se ha convertido en un santo y seña de su trayectoria en solitario. Y mientras el personal montaba jaleo en el centro, el voceras se metió en el meollo y aprovechó para intercalar el “What I Like About You” de The Romantics. Hubo tanto frenesí que el micro dejó de funcionar y tuvo que pillar el del guitarra. Cosas que pasan.


Regresaron para los bises con un “Bad Boy” de Larry Williams un tanto descacharrante porque el batería se debió confundir de canción, pero no tardaron en arreglar el desaguisado apelando a que “los fallos son el rock n’ roll” y arrancándose con el “Walking Out On Love” del rey del power pop Paul Collins, casi nada. Y en esta racha versionera, rescataron una joya a medio camino entre el garaje y el punk como el “Don’t Look Back” de The Remains. Un sabor de boca inmejorable previo a que retomaran ya con propiedad el “Bad Boy” de Williams. El broche inapelable.

Un recital rotundo de los de darse golpes en el pecho como un gorila, todo un regalo navideño de Baker para sus fans. Porque, como nos dijo durante el trascurso de la velada, él no conoce a ninguna “persona triste” en esta época del año. Es un feliciano de la vida. Y le entendemos hasta cierto punto. ¿Qué podría haber de malo con Kurt Baker cantando?

TEXTO Y FOTOS: ALFREDO VILLAESCUSA


jueves, 10 de enero de 2019

KURT BAKER COMBO: UN ORFEBRE DE MELODÍAS


Nave 9, Bilbao

Dicen que el primero que usó el término power pop fue Pete Townshend de The Who allá por 1967 en una entrevista para NME para referirse al tipo de música que ellos tocaban. Lo cierto es que en su momento no demasiada gente prestó atención a aquel hallazgo lingüístico para definir a todo un estilo que viviría su apogeo en décadas venideras, pero a comienzos de los setenta algún osado como Barry Taylor ya la empezaba a emplear para describir el sonido de The Sweet. Realmente no se hablaba de nada rompedor o fuera de lo común, sino de melodías y arreglos sencillos contrapuestos a unas guitarras y una base rítmica potente. Una peculiar manera de presentar el espíritu punk en sociedad sin la carga negativa que dicha palabra provocaba en determinados círculos.

Si existe un artista que sigue la ortodoxia power pop al milímetro, ese sería el norteamericano Kurt Baker, fundador de The Leftovers y que lleva ya un tiempo montándoselo por su propia cuenta. No en vano ahora reside en Madrid y dispone de una banda de procedencia leonesa, si excluimos al enérgico batería de origen ruso Sam Malakian. Recientemente han editado en la discográfica de Steve Van Zandt, brazo derecho de Bruce Springsteen en la E Street Band, su álbum ‘Let’s Go Wild’ y varios temas de Baker han sido seleccionados en repetidas ocasiones por el popular guitarrista y locutor radiofónico en su programa en las ondas.


Ya había presentado dicho lanzamiento en la capital vizcaína el pasado mayo, pero eso no fue óbice para que la Nave 9 se llenara hasta agotar el papel con un entusiasmado respetable maduro con algunas chicas guapas en las primeras filas. Había mucha peña “bien” con camisas floreadas que jamás hemos visto en ningún concierto y se montó un jolgorio impresionante, espoleado además por el gerente del garito Txarly, que ofreció a la concurrencia deliciosos rollitos de primavera. Saraos de altura.

Con gritos de “muy mola” entre la multitud, su muletilla más característica, Kurt Baker Combo oficiaron a toda mecha desde el principio con la tralla casi punk de “Upside Down” a un volumen atronador que sentimos sobremanera, pues nos encontrábamos a escasos metros de los bafles. “Baby’s Gone Bad” aflojó un poquito el ritmo en detrimento de melodías a lo Imperial State Electric antes de que se tiraran en plancha al almíbar de “So Lonely”, con esos contagiosos coros reminiscentes a los Beatles de su primera época.


Los tipos andaban ya animados y Kurt gritaba como loco “¡Chupitous!” con su marcado acento guiri, al tiempo que el batera pintado similar a Hank von Hell restaba importancia al asunto diciendo: “Para una vez que salimos…”. Y lo cierto es que era complicado aburrirse con temazos del calibre de “Foolish Stuff” o “Everybody Knows”, pura perfección power pop con guitarrazos y estribillos para corear a pleno pulmón.

El asunto del bebercio alcanzaba ya casi la amenaza de motín, pues llegaron a afirmar que “sin chupitos no hay concierto”, pero el recital siguió a un nivel elevado con “Sick Of Waiting” o “Next Tomorrow”, con el batera ruso aporreando con una saña inaudita, vaya máquina. Y el “Nobody But Me” de los Isley Brothers desató un recatado pogo pureta por su rollo a lo “Twist and Shout” y hasta corros en plan hermandad. Los ánimos por las nubes. Ya se podrían emocionar tanto los millennials.


“Don’t Steal My Heart Away” vuelve a evocar a los Fab Four del segundo disco o del “Beatles For Sale”, mientras que bordan de nuevo la revisión del “Behind The Wall Of Sleep” de The Smithereens, que también tocaron en mayo y les queda niquelada. Hubo que dar algo de palmas diciendo su grito de guerra “muy mola” , pero a un tipo tan crack como Kurt Baker se lo podemos perdonar, así como que el batera Sam pusiera los dientes largos amagando con el “No Fun” de The Stooges, que sí interpretaron en su bolo del Crazy Horse, si mal no recuerdo.

Pero había todavía munición potente con un “Send Me To Mars” a tope de revoluciones. El de las baquetas era el cachondo del grupo, eso quedó claro una vez más cuando dijo: “¿Queréis más? Pues dadme más cerveza”. Qué pasión por el bebercio, madre. Una petición que fue apoyada por el resto del grupo, uno de sus compis resaltó el carácter amigable del ruso afirmando que “es majo de cojones”. Y en esa tesitura desenfadada encajaba un “Partied Out” que dedicaron a los bolos. Lo que mejor saben hacer.


En su himno “Aorta Baby” intercalaron un breve fragmento del “What I Like About You” de The Romantics, otra piedra angular del género, y hasta amagaron con el “Knockin’ On Heaven’s Door” de Dylan antes de descartarla por trillada. “Don’t Go Falling In Love” sirvió para despedirse por un momento, no en vano se ha convertido en otro de sus clásicos. Piezas redondas para consolidar un recital sin desperdicio alguno.

A la vuelta esperábamos el “No Fun” de The Stooges, pero se decantaron por otra cumbre del power pop, el “Shake Some Action” de The Flamin’ Groovies, con los señores del respetable cogidos de los hombros en un despiporre colectivo, se notaba que lo estaban disfrutando de veras. Y el broche llegó con el “Bad Boy” del pionero del rock n’ roll Larry Williams, que ya grabaron expresamente los Beatles para el mercado americano en 1965 el día del cumpleaños del cantante. Satisfechos más que de sobra.

Kurt Baker y sus compis continúan demostrando una solvencia descomunal en las distancias cortas, sería complicado, o quizás imposible, pillarles en un concierto malo o mediocre. Y eso que en cuanto a repertorio cambiaron bastante respecto a su anterior visita a Bilbao, sorprendiendo y sin acomodarse como vulgares funcionarios, otro detalle que les gana el cielo. Un orfebre de las melodías se siente cómodo en cualquier terreno. Que vuelvan cuanto antes.

TEXTO Y FOTOS: ALFREDO VILLAESCUSA