lunes, 5 de junio de 2023

IZAR & STAR BEREZIA ‘TOM VERLAINE MARQUEE MOON’ – EL INQUILINO COMUNISTA + SONIC TRASH + EZEZEZ: SACANDO LUSTRE AL LEGADO DE UN GENIO

 

Kafe Antzokia, Bilbao

 

Hay versiones que no las hace cualquiera. Es el caso de una piedra angular del tamaño del mítico ‘Marque Moon’ de Television, un material que incluso todavía bien entrado el siglo XXI sigue sonando profundamente marciano y vanguardista. Como si a un extraterrestre le hubiera dado por hacer un álbum que rompiera con toda la tradición pretérita anterior y a la vez marcara directrices futuras a miles de discípulos aventajados. Un faro que iluminara los derroteros que tomaría la llamada música alternativa en las próximas décadas.

Sonic Trash
 

La muerte de Tom Verlaine el pasado mes de enero fue un acontecimiento de tal magnitud como para provocar que regresara el ciclo Izar & Star en el que artistas vascos homenajeaban a grandes figuras internacionales. En este caso, como nos contaron algunos de los involucrados en el homenaje, hubo los que desecharon la propuesta conscientes de la complejidad intrínseca de la misma o por ser incapaces de abordarlo con la mínima dignidad requerida. No era una mera excusa, pues, como hemos dicho, cualquiera no podía ponerse a tocar aquello.

Pese a que Television y el legado de Tom Verlaine no era ni mucho menos para todas las masas, una considerable multitud se congregó en el bilbaíno Kafe Antzokia para rendir tributo a un irrepetible genio de las seis cuerdas. Creo que la única oportunidad de escuchar un repertorio semejante la tuvimos en un festival Azkena en el que la banda del propio Verlaine interpretó en su integridad ‘Marque Moon’, algo ya de por sí extraordinario.

Ezezez
 

Los primeros en liza fueron Ezezez, cuyo vocalista nos sorprendió sosteniendo unos papeles como si fuera a recitar a Bécquer o algo similar, en vista de la complejidad del cancionero pasaremos por alto este pequeño detalle. Brillaron en una revisión de “Friction” en la que bordaron los arrebatos ruidistas de la original. Y su cantante de apariencia literaria también se movió cual pez en el agua por los tonos de aire desgarbado típicos del art punk.

David Hono, de Sonic Trash, sin guitarra.
 

Tomaron el relevo Sonic Trash, que por estilo pegaban bastante en el homenaje y que sin duda nos legaron uno de los momentos de la velada al atreverse con la pieza homónima “Marque Moon”. David aparcó para la cita la guitarra, por lo que así se pudo concentrar únicamente en la voz, que sobresalió al interpretar con cierto rollo Lou Reed, pero sin renunciar a aportar su toque personal. Quedaba claro que en un sarao de estas características su presencia era fundamental. Por principios y también por motivos artísticos, bien lo demostraron.

El Inquilino Comunista
 

Los veteranos El Inquilino Comunista, antaño representantes de eso que se llamó con poco criterio “Getxo Sound”, exhibieron galones con una emotiva “Venus”, que resultó del mismo modo de lo mejor de la noche. El vocalista restó dignidad al asunto al afirmar que Verlaine metía “unos gallos espantosos”, por lo que cualquiera del público estaba invitado a subirse y agarrar el micro si lo consideraba pertinente. Obviamente, nadie se atrevió. Si abordar la música ya producía vértigo, no hablemos ya de arrancarse con un estilo vocal en apariencia descuidado, pero que entrañaba mayor dificultad de la imaginable.

Su poso chirriante indie confirmó que su elección en la cita estaba de sobra justificada, por lo que su maraña de ruido controlable noventero cursó a un nivel más que aceptable. Otra interpretación que les ganó el cielo fue la de “See No Evil”, la pieza que abría precisamente ‘Marque Moon’ y que llevaron con notable habilidad a su terreno. Brillantes, especialmente en el apartado instrumental.

El Inquilino Comunista
 

Esperábamos al final que salieran los tres grupos a escena para un tema conjunto, al igual que se solía hacer en ocasiones pasadas en los Izar & Star, si mal no recuerdo, pero no se produjo tal coalición de talentos que habría finiquitado el acto con propiedad. A pesar de ello, no era cuestión de quejarse después de lo que habíamos contemplado. Mereció mucho la pena el evento.

Fue una oportunidad única de escuchar en directo canciones que forman parte de la historia del rock y del legado de un genio que seguramente costará que se vuelva a repetir, por lo menos encima de un escenario y sacando tanto lustre. Permanecerá en la eternidad ese álbum con una portada enigmática y siniestra en la que aparecían cuatro tipos que lo mismo podrían vender biblias que cambiar para siempre la cara de la música de la época. Qué suerte que les diera por hacer lo segundo. Gloria eterna a ellos.

 

TEXTO Y FOTOS: ALFREDO VILLAESCUSA

 

 

viernes, 2 de junio de 2023

VÍCTIMAS CLUB + CHULERÍA, JODER!: BENEFICIO COLECTIVO

Nave 9, Bilbao

A veces es necesario pegar un golpe en la mesa. Uno de esos de los que retumban y que provocan que los que estén al lado miren como si el susodicho se hubiera vuelto loco. Hoy en día existe tal tendencia al borreguismo que seguramente haga falta algo más aparte de levantar la voz con educación para pedir protagonismo. Lo irreverente y verdaderamente transgresor se suele dar con tan poca frecuencia que en la mayoría de los casos hay que pellizcarse fuerte para asegurarse de que aquello realmente está sucediendo de verdad.

Víctimas Club
 

Las propuestas tanto de Víctimas Club como de Chulería, Joder! podrían encajar en este último supuesto, pues no se asemejan a las de aquellos que ofician como funcionarios. Un concierto suyo es todo un acontecimiento que, si no te cambia la vida, por lo menos no te dejará indiferente, uno de los grandes pecados de la época contemporánea. Canciones para agitar esa conciencia y espíritu crítico que algunos perdieron al ponerse mascarilla.

La bilbaína Nave 9 quizás hasta se quedó pequeña para acoger el bolo de dos bandas fundamentales en la escena punk rock, que si no dan bastante que hablar, es que algo anda mal, como decía Ramoncín en su recordado “Putney Bridge”. La parroquia habitual abarrotó el recinto y creó el ambiente necesario para que se convirtiera en una velada absolutamente memorable, de las mejores de los últimos meses, por cierto.

Chulería, Joder!
 

Teníamos ganas de catar a Chulería, Joder!, pues nos habían hablado bastante bien de ellos y además ahí estaba la espectacular frontwoman Iratxe, de Desorden, una auténtica bomba escénica que recoge con soltura el testigo de Silvia de Último Resorte o Tere de Desechables, puro descaro que tanta falta hace en la pacata sociedad actual. Porque a esta chica se la suda todo, en el buen sentido, y no duda en provocar al respetable llamándoles “pollaviejas”, armar pogo en las mismas tablas o engancharse a las piernas de sus compañeros como si estuviera poseída. Y ya en el colmo del contraste, se despidió lanzando un beso a lo Marilyn Monroe. En serio, acudid a sus bolos, no veréis nada igual en kilómetros a la redonda.

Chulería, Joder!
 

Pero no nos vamos a centrar solo en su vocalista, porque el resto de la banda también le arropa con mucha dignidad, como la batería Miryam, que también suele aporrear con saña en Turbofuckers. Y entre sus todavía escasos temas, hay que destacar “Tus amigos” o su inmensa revisión del “Unidos” de Parálisis Permanente. Que entren a grabar cuanto antes.

Muy alto se había quedado el listón, pero Víctimas Club no iban a defraudar lo más mínimo con otro concierto épico para recordar. Tener en la misma banda a un notable frontman como Pela y a un guitarrista tan explosivo como el inmenso Joseba B. Lenoir proporciona garantías más que solventes de cara a un directo.

Víctimas Club
 

Ya de entrada, “Virginidad” y “Profesional” elevaron a las masas con un considerable entusiasmo. Pela buscó el contacto cercano con los fieles como si fuera Iggy Pop y estos respondieron montando una gresca que será recordada, sobre todo en el tramo final. Pero vayamos por partes, no faltaron temas como “Nueva normalidad”, en recuerdo a ese ensayo de dictadura que vivimos durante la pandemia con toques de queda y demás fascistadas que hasta entonces solo se empleaban en golpes de Estado.

Por supuesto, no faltaron referencias a ese Partido Único que hace la vida tan difícil a los músicos y a los aficionados a las actuaciones en directo, con palabras como las siguientes: “El PNV es como las ratas, cada vez salen más”. Esperemos que el último varapalo electoral posibilite algún día la desaparición de esta especie tan dañina para la música.

Víctimas Club
 

“Farsantes contra farsantes” mantuvo el interés y sorprendió bastante su adaptación en castellano del “New Values” de Iggy Pop, eso sí que no lo esperábamos. Otra pieza que agradecimos fue que recuperaran “Mundo mejor” de los añorados Sumisión City Blues. En teoría, aquel bolo debería haberse producido en El Mendigo de Barakaldo, pero su inesperado cierre obligó a trasladar la cita a la Nave 9. Precisamente, si mal no recuerdo, la despedida de la anterior banda de Pela se produjo en ese histórico garito barakaldés.

“Mamashima” era uno de los temas más sobresalientes de ‘El castigo es colectivo’, por lo que no podría obviarse, y “Begitruck” se dedicó a “las chicas que son madres, pero todavía siguen viniendo a los conciertos”. Monumento a todas ellas. 

Víctimas Club
 

“Humillante Spray” cursó a velocidad importante antes de enredarse en una psicodélica “Cortando encía”, que mostró su lado más experimental, casi como si fueran Swans, y Pela no se abstuvo de reproducir sonido de pájaros mientras simulaba volar. Posteriormente, el frontman se erigió en profeta mesiánico rollo The Doors, con la parroquia completamente desatada cantando “lo lo lo” hasta en los punteos de Lenoir, que fue aclamado como un dios de las seis cuerdas. Pasada total.

Aquello no fue ningún castigo, sino un beneficio colectivo, una de esas citas en las que había que estar sí o sí para luego recordarlo durante una buena temporada y exhibir con orgullo que uno estuvo allí. Dudamos que se vuelva a producir, por lo menos en un plazo breve de tiempo, la coincidencia entre Víctimas Club y Chulería, Joder!, por lo que había que disfrutarlo como si fuera un eclipse solar. Puro espectáculo sin cortapisas.

 

 

jueves, 1 de junio de 2023

THE NEATBEATS: PRECISIÓN JAPONESA

 

Sala Crazy Horse, Bilbao

 

Acudir a un concierto con garantía es siempre motivo de felicidad. De vez en cuando sucede que uno se topa con grupos que son infalibles en directo y para salir disgustado del recinto tiene que ocurrir una hecatombe o algo verdaderamente fuera de lo normal. En circunstancias habituales lo lógico es que la banda se deje hasta la piel y que encima reciba el respaldo de un entregado respetable.

 

Tal es el caso de los japoneses The Neatbeats, que se han recorrido repetidas veces la península, por lo que no resulta raro que la mayoría les haya visto en alguna que otra ocasión. Un servidor podría contar hasta dos y no dudó en repetir para llegar al trío, pues conocía de sobra la destreza en las distancias cortas de los de Osaka.

Para que los neófitos se hagan una idea, mencionar que son una especie de The Beatles en su etapa de Hamburgo, pero en versión nipona. Van vestidos con impolutos trajes negros, algún tupé por ahí, y encima se van alternando a las voces, pese a que los tonos generalmente procedan del líder Takashi Manabe. Se nota lo que les gusta en cuestión de música y a la hora de reproducirlo en el escenario su fidelidad es impresionante.

 

Con todos estos mimbres, no era extraño que el bilbaíno Crazy Horse anduviera a reventar un pleno martes, con la mayoría de los habituales de la parroquia rockera y también grupillos de universitarias con ganas de marcha. No era mal plan desde luego acercarse a un garito entre semana y disfrutar de un bolazo de los que seguro que permanecerá en la memoria.

Una parte importante del repertorio de The Neatbeats está conformado por  versiones, pero nadie debería pensar que se trata de un espectáculo de segunda ni por asomo. Los tipos efectúan revisiones muy convincentes, como “You Can’t Judge A Book By The Cover” de Bo Diddley o “Yakety Jack” de The Coasters, entre muchas otras. Incluso se animan a cantar piezas en su idioma natal, algo que no provoca ningún parón o disminución del entusiasmo.

 

Brillaron en especial en el fundamental “Keep A-Knockin’” de Little Richards, todo un himno del rock n’ roll primigenio, y sorprendieron al interpretar “Black Is Black” de Los Bravos. Esto no es lo que uno se esperaría de un grupo procedente del país del sol naciente, pero ya hemos dicho que se toman muy en serio su labor.

A ellos además les encanta que la gente se vuelva loca con ellos. Prueba de ello lo encontramos cuando una chica intentó hacer una foto a uno de los miembros y este al percatarse no solo hizo su mejor pose, sino que levantó los dedos con el signo de la victoria. El fenómeno fan nunca debería estar mal visto.

 

La primeriza época de The Beatles con Tony Sheridan quedó inmortalizada en “Hamburg Twist” y luego subieron un peldaño más con un corte tan mítico como “Twistin’ the Night Away” de Sam Cooke, que puso al personal a bailotear de lo lindo. Como si fueran directores de orquesta, no dudaron en pedir al respetable que se acercara y alejara, provocando imágenes de película. No fue el único movimiento que solicitaron, pues poco después incitaron a moverse de lado a lado. Si les hubieran dejado, habrían pegado fuego al recinto.

Oficiaron todo seguido, ni un segundo de respiro concedieron, como mucho, paraban para demostrar sus conocimientos lingüísticos. Se cascaron también un medley impresionante de clásicos del rock n’ roll en el que distinguimos “Sweet Little Sixteen” de Chuck Berry o el legendario “Long Tall Sally” de Little Richards, entre muchas otras cosas. Como si fueran una enciclopedia del rock y quisieran ilustrar con ejemplos prácticos a los recién llegados a este estilo.

 

Dejaron tal subidón en el ambiente que cuando hicieron amago de abandonar el escenario arreciaron los gritos de “beste bat”, creo que ni pudieron bajarse de las tablas. Pero estaba en su naturaleza ser agradecidos, por lo que regresaron para unos efectivos bises que finiquitaron con “What’d I Say” de Ray Charles en formato alargado, con el gentío interaccionando a tope. No se podría pedir más.

Tal vez para otros grupos una hora y diez minutos se torne demasiado escaso, pero con estos nipones dudo que nadie saliera con esa impresión, pues estos tipos sudan pero bien la camiseta, a ver quién aguanta a ese ritmo sin descanso ni charlas inútiles. Impecable precisión japonesa digna de relojes suizos. Para enmarcar.

 

TEXTO Y FOTOS: ALFREDO VILLAESCUSA

 

 

 

 

viernes, 12 de mayo de 2023

ARIEL ROT: HABLANDO MUY ACOMPAÑADO

 

Kafe Antzokia, Bilbao

 

Hay artistas a los que habría que ver incluso si se pasaran a la jota aragonesa. Cuando un indiscutible talento se ha ido abriéndose paso durante décadas conviene prestar atención y observar que quizás el motivo resida en una más que constatada solvencia tanto en las distancias cortas como en estudio. No digamos ya si uno encima es coautor de canciones coreadas hasta la extenuación en festivales y demás.

 

Es el caso del hispano-argentino Ariel Rot, con una labrada trayectoria en Tequila, Los Rodríguez, aparte de un volumen considerable de colaboraciones junto a otros artistas como Pereza, Los Zigarros o incluso el mítico Moris allá por 1978 en su recordado ‘Fiebre de vivir’. Recientemente, el vocalista y guitarrista ha explotado una destacada soltura ante la cámara en un programa de viajeros musicales donde entrevistaba a todo tipo de bandas y encima tocaba con ellas, cual Leonardo Da Vinci del siglo XXI. El estilo era lo de menos.

Con estos mimbres como carta de presentación, no sorprende que agotara entradas en el bilbaíno Kafe Antzokia, que lo acogió como a una auténtica estrella. Hubo hasta alguna señora que esa noche salía de fiesta que no paró de gritarle “guapo” durante todo el concierto. Devoción sin límites hacia una de las figuras claves del panorama patrio.

 

Lo cierto es que Ariel Rot se conserva muy bien para sus 63 palos, elegante, con buena voz, y con un dominio de las seis cuerdas que provoca que cuando se arranque con un solo parezca como si se detuviera el tiempo. Al margen de Tequila y Los Rodríguez, también ha conseguido configurar una interesante carrera en solitario, que precisamente homenajeaba en esta ocasión a su disco ‘Hablando solo’ por su cuarto de siglo. Un hito en el que se acompañó en estudio de The Attractions, la banda de apoyo de Elvis Costello. Ahí es nada.

Rodeado de los mismos músicos con los que en aquella época se lió la manta a la cabeza para recorrerse escenarios, irrumpió Rot y no tardó en ganarse el favor de un respetable muy proclive a ello. Nada mejor que apelar a las esencias stonianas desde un inicio con “Vals de los recuerdos”, todo un pistoletazo de salida que puso firmes a aficionados al rock y demás personal de infantería.

 

Sin despegarse del rollito chulesco, “Hasta perder la cuenta” elevó todavía más el interés y hasta se permitió citar a “rubias, morenas y pelirrojas” en los puritanos tiempos actuales. Qué clase en el escenario, señor. Y “Te busqué” siguió la senda ascendente y a la vez demostró cómo mantener la tensión disminuyendo las revoluciones, algo al alcance de unos pocos elegidos.

“Adiós Carnaval” mantuvo la tónica sosegada mientras se acercaba a las maneras de cantautor del bardo de Minnesota, no era una mala referencia, desde luego. “Dos de corazones”, por el contrario, recuperó el aire latino de Los Rodríguez y constató que el repertorio de la velada se tornaría muy diverso.

 

Presentó “Bruma en La Castellana” como “una canción de adoramos” y animó a entonarla de forma “sutil”. Y que no se había olvidado de los sonidos duros lo dejó claro con el “rock n’ roll apocalíptico” de “La última cena”, una licencia antes de “Geishas en Madrid”, que lo mismo podría remitir a Bob Dylan que a los Pereza de ‘Aviones’ o al mencionado en la letra, Lou Reed, una maravilla. Daba gusto escuchar cantar o tocar a este tipo a semejante nivel.

“Vicios caros” fue sin duda una de las cimas de la cita, con su teclista además apoyando a los coros. Que no se pase por alto subrayar la perfecta comunión que mantenía Rot con el resto de su banda. Aquello que dijo de que se creaban ciertas complicidades no era en absoluto un farol. Ojalá se atrevan también a consolidar esta magia en el escenario en disco.

 

No podría faltar en el repertorio uno de los grandes clásicos de Ariel como la balada de Los Rodríguez “Me estás atrapando otra vez”. Otro igual no hubiera desaprovechado el subidón de intensidad creado, pero el otrora miembro de Tequila fue a lo suyo con la instrumental de efluvios swing “Confesiones de un comedor de pizza”, más oportunidades de lucimiento para los acompañantes. Y se despidió por unos instantes con “Baile de ilusiones”, uno de sus mejores temas en solitario, que contó incluso con coros a lo “Brown Sugar” al final. ¿Qué más se puede pedir?

Confiábamos en que se rescatara algo de Tequila, o por lo menos el “Míster Jones”, pero nuestro gozo en un pozo. Sacó a relucir, como era de esperar, “Milonga del marinero y el capitán” de Los Rodríguez, que nunca nos cautivó demasiado por su excesivo pachangueo, pero para gustos, colores. 

 

“Dulce condena” cosechó unanimidad total, si nos daba por prestar atención a la peña cantando la letra a pulmón. Estaba claro que aquel debería ser el broche final, aunque ya habría molado que hubiera colado en su lugar “Matrícula de honor” del debut de Tequila. No se puede contentar a todos, pero el tipo era tan crack a las tablas que ese detalle se tornaba hasta insignificante.

Rot estuvo hablando esa noche muy acompañado, un auténtico baño de masas que certificó el espectacular tirón que conserva todavía por el norte, pues tampoco muchos artistas patrios agotan el papel con tanta facilidad. Viendo la manera que tiene de desenvolverse y de cautivar a los fieles se entiende por completo. Maestro.