martes, 15 de marzo de 2016

COBRA: RIFFS DE PELÍCULA



Kafe Antzokia, Bilbao

El aldeanismo debería ser una de las lacras de la humanidad. Esa tendencia a valorar excesivamente algo por el simple hecho de ser de fuera, cuando por estos lares tenemos suficientes ejemplos similares que barrerían de un plumazo a cualquier guiri presuntuoso. Queremos pensar que gracias a las redes sociales y demás a esos prejuicios infundados les quedan cuatro telediarios, aunque a veces parezca que las fuerzas vivas de la tradición siguen ahí agazapadas esperando la ocasión para levantar el vuelo y engañar a unos cuantos incautos.

Quizás eso suceda con el supergrupo vasco Cobra, que casi desde su misma creación se han labrado una sólida reputación en directo y debido a un espectacular boca a boca han conseguido la mejor manera de promoción posible y que a cualquiera les apetezca verlos, a tenor de las maravillas que se dicen acerca de ellos. Y luego ya si sumamos a músicos con una trayectoria tan solvente como Ekain Elorza (Dinero, SCR) o David González (Berri Txarrak, PILT) poco más cabe añadir, eso sin desmerecer la labor de los miembros restantes, pues todos son unos musicazos en sus respectivos ámbitos.

Lete, la fiera desbocada.
 Tal era la conclusión a la que llegamos después de la apabullante descarga que dieron ante un desangelado Antzoki bilbaíno, pese a que al final se alcanzara una afluencia digna y lograran movilizar a la peña en base a la única arma infalible en este mundo: los riffs poderosos y la actitud de comerse el mundo. Un tratamiento de choque que nadie con dos dedos de frente podría resistir, un repaso en condiciones de esos que te deja como nuevo y con ganas de acometer cualquier empresa arriesgada.

No defraudaron tampoco los madrileños Minor Empires, que surgieron como amalgama de miembros de Toundra, Nothink o Moonich y probablemente estén más cerca del rock alternativo de los segundos que de los otros dos restantes, aunque no renuncian a picotear en el shoegaze vía Catherine Wheel o en los estribillos levemente comerciales a lo Linkin Park como en “The Regrets Of The Dying”. “Esperamos que no os olvidéis de nosotros”, desearon con excesiva humildad y la verdad es que no hacía falta tal derroche de sencillez por su descomunal grado de entrega y nivelazo a las tablas. Un entremés de alto copete.

Minor Empires.
 Dicen que lo suyo es el Thriller Rock por la aproximación cinematográfica de sus letras, pero más allá de etiquetas estériles o de preguntarse si tocan metal, punk, stoner o lo que sea, hay algo que nadie les puede quitar a Cobra y esa es la capacidad para cascarse un directo impepinable desde cualquier punto de vista. Mira que nos tragamos cientos y cientos de conciertos a lo largo del año, pero podemos afirmar sin rubor que lo de aquella noche fue de lo más contundente que hemos visto en escena en lo que llevamos de 2016.

Basta fijarse en su colosal voceras Lete para entender que pertenecen a esa estirpe nacida para subirse a un escenario. Porque uno puede disfrutar en casa tranquilamente de sus discos, pero hasta tenerles a pocos palmos difícilmente podrá vislumbrar el enorme potencial de este supergrupo con todas las letras. Y seguramente el que cae en su marmita por primera vez no tardará en repetir, las alabanzas que les dedican no son para nada casuales.

David dando el pistoletazo de salida.
 Presentaban su reciente ‘Riffyard’, por lo que el inicio lógico era el trallazo “Skull & Bones” antes de añadir cierta espesura en “Red Tops” y pisar el acelerador punkarra en “’70 Challenger”. La batería de Ekain atronaba, el bajo de David no sonaba menos rotundo y si a ello le añadimos un cantante que parecía una fiera desbocada el cóctel únicamente podría obtener el calificativo de demoledor.

El público ya se mostró muy participativo desde el comienzo, pero al igual que en una peli de suspense la intensidad fue subiendo progresivamente. Lete preguntó si estábamos cansados e incitó a la peña a gritar, alguno incluso se desgañitó, mientras los temas caían sobre la concurrencia como balas de un cargador que a buen seguro vaciarían aquella noche.


Uno de los momentos estelares fue sin duda cuando se acordaron del viejo maestro de ‘Karate Kid’ “Miyagi”, con los hardcoretas entregados con los brazos en alto y el vocalista entonando a ras de escenario antes de que lanzara con saña el micro contra el suelo. “¡Madre mía!”, exclamaron los jovenzuelos que teníamos al lado. No es que fueran fácilmente impresionables, sino que semejante despliegue de ímpetu no era ni medio normal, unos cabezazos contra la pared no habrían desentonado en la estampa de brutalidad.

Y el aire noventero de “Crossroads” inauguró la temporada de pogos, que alcanzó su apogeo en “C’Mon Now” y “Rosebud”, al tiempo que legaban imágenes impagables con David, Lete y Josu agitando la cabeza casi al punto de descoyuntarse. Esto sí que era una puesta en escena enérgica, capaz de patear culos a tanto fantasmón que se las da de auténtico y luego no tiene ni repajolera idea de música. Hay que hacer justicia.


Con la muchedumbre bramando cual salvajes en la ineludible “Life Is Too Short To Drive Slowly”, hacía falta un mesías que unificara criterios y creara dogmas y ese papel lo tomó Lete al subirse a los bafles antes de descender convertido en carne y pillar el micro de David, maná divino, para ofrecerlo a los fieles que se desvivían por realizar su aportación. Los pogos volvieron a brotar como en el milagro de los panes y los peces antes de que las almas se fundieran en una sola cuando el vocalista se entregó a la concurrencia embistiendo cual miura desbocado. En plan hermandad.

Una ironía del destino se antojaba que en pleno acto de confraternización hardcoreta sonará por los altavoces la BSO de ‘Kung Fury’ “True Survivor” del icono ochentero David Hasselhoff, tonadilla tan casposa como genial. El epílogo perfecto para una sesión de riffs de película con unos protagonistas de relumbrón que deberían ganar de inmediato un Óscar a la mejor actitud en directo. Enormes.

TEXTO Y FOTOS: ALFREDO VILLAESCUSA










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