martes, 5 de marzo de 2019

SPIRITUAL FRONT: UN ARTISTA DE DISTANCIAS CORTAS


Wurlitzer Ballroom, Madrid

Cualquiera que haya leído el clásico de la literatura universal ‘Matar a un ruiseñor’ de Harper Lee recordará una frase sobre todas las cosas. Esa lección vital que nos dejaba Atticus Finch, el inolvidable abogado que encarnaba las más altas cotas imaginables de integridad absoluta y bondad que decía verdades tan rotundas como que “para entender a los demás, hay que ver las cosas bajo su punto de vista, meterse bajo su piel y andar con ella”. Una máxima que se ha aplicado desde entonces tanto a la política como a diversas disciplinas artísticas que impliquen un cambio total de perspectiva, un ejercicio de amplitud de miras que tampoco abunda demasiado en estos tiempos de polarización absoluta, de blanco o negro, del conmigo o contra mí en los que se apedrea sin piedad al disidente.

Sumergirse en el repertorio de una banda concreta implica un poco esto último, impregnarse de un aroma determinado hasta las últimas consecuencias y luego caminar bajo su influjo pero sin perder la personalidad propia. Esa parecía ser precisamente la intención de Simone Salvatori de Spiritual Front en esta gira en la que dedica un repertorio especial a la trayectoria de Morrissey y The Smiths. Una iniciativa que no obedece a ningún tipo de moda ni conexión alguna con la actualidad, sino que seguro que tiene que ver mucho más con la sincera admiración de un fan, de un tipo cultivado que lo mismo escucha Kreator o Celtic Frost que Talking Heads o cualquier otro combo new wave.


En un recinto abarrotado de peña y con hembras tan desatadas como en un concierto de Izal, Spiritual Front tenían ya desde el principio todas las papeletas para que la noche se tornara gloriosa. Y más si en un primer lugar se arrancaban con el cancionero inmortal de The Smiths mientras por la pantalla se proyectaba ‘Mamma Roma’ de Pier Paolo Pasolini otorgando cierto aire sibarita al asunto.

“The Queen Is Dead” fue el pistoletazo de salida y la constatación de que el vocalista Simone se adentraría en un terreno en el que se sentiría muy cómodo a lo largo de la velada. Escalaron un peldaño más en “Panic”, cuyo inolvidable estribillo fue coreado con emoción por el respetable, y “What Difference Does It Make?” aportó variedad por su aire rockabilly. La faceta de crooner atormentado no podía dejarse de lado, aunque hubiera que desmarcarse un poco hasta la trayectoria en solitario de Morrissey y el que quizás fuera su mayor éxito por su cuenta, “Everyday Is Like Sunday”. El voceras clavó tanto los tonos agónicos como los movimientos amanerados de Moz y solo le faltó lanzar ramos de flores.  


Los italianos habían venido con ganas de complacer al personal, por lo que en cuanto alguien por ahí gritó “Shoplifters Of The World Unite”, no dudaron lo más mínimo en recoger el guante y lanzarse de lleno a interpretarlo. Con la banda bordando también el homenaje desde el punto de vista instrumental, subieron la apuesta con “Bigmouth Strikes Again” y mostraron sus cartas sobre la mesa al admitir Simone que prefería algo participativo donde la peña cantara y no se limitara solo a escuchar. Una puntualización necesaria cuando la mentalidad de funcionarios que fichan y se van ha acabado por dominar la mayoría de los ámbitos cotidianos.

Las féminas seguían hipnotizadas bajo los encantos de un Simone al que le gritaban de vez en cuando “¡Bambino molto bello!” y este se iba desabrochando cada vez más la camisa, aunque sin llegar a los niveles de una subespecie de Gandía Shore, los señores acostumbran a conservar la decencia por mucho que arrecien los halagos. Atreverse con la experimental “How Soon Is Now?” era todo un reto del que salieron victoriosos, al igual que “This Charming Man”, otro de los mayores himnos de los de Mánchester que dedicaron al promotor Rafa. Desde luego se habían empollado a conciencia los vídeos de The Smiths.  


Sorprendió la inclusión de “The Last Of The Famous International Playboys” de Morrissey en solitario, así como los coros del bajista, y pensamos que en esta tesitura podría haber abierto el tarro de la miseria absoluta con “You Have Killed Me” y quedar como dioses. Un poco desafortunado sí anduvo Simone cuando se atrevió a meterse en arena política al afirmar que en Madrid “tenían algún problema con Cataluña” y la peña comenzó a abuchear, por lo que tuvo que recular con celeridad. 
Deberían haberle explicado que probablemente los catalanes no tenga ningún problema con los madrileños ni viceversa, sino más bien con un modelo de Estado en el que por poner urnas te piden más de veinte años, vestigios franquistas de una transición tan mal hecha que en realidad nunca existió.

Con la renuncia expresa del voceras a volver a hablar de política, enfilaron un “Still Ill” en el que bordaron esos característicos gorgoritos colindantes con el llanto. Y “There Is A Light That Never Goes Out” finiquitó, como no podría ser de otra forma, el repertorio dedicado a The Smiths, donde el micro fue cedido al respetable para su goce absoluto y algún gallo se escapó del corral. Nos faltaron favoritas personales del calibre de “Girl Afraid” o “Pretty Girls Make Graves”, por lo que un poco más de osadía en el cancionero se hubiera agradecido, aunque escuchar temas de Morrissey y compañía siempre será un deleite total en cualquier caso.


Tras un breve descanso, los italianos regresaron con el repertorio propio de Spiritual Front, que inauguraron elevando sentimientos a flor de piel con “Jesus Died In Las Vegas” y su mítico mantra “Nothing is more contagious tan sin” que podía leerse hasta en camisetas. Y en “Cold Love In A Cold Coffin” la peña hasta gritó “ohhh” de la emoción, antes de que Simone en “Tenderness Through Violence” siguiera escalando posiciones  en cuanto a comunión con los fieles. Acabó arrodillado como un grande.

No se cortó en preguntar a la concurrencia si había algún “cuarto oscuro” en Madrid, un comentario que sirvió para presentar el pop nihilista de “Darkroom Friendship”. Y en “Vladimir Central” al hombre le entró la curiosidad por saber si en la capital había alguna cárcel tan famosa como la prisión rusa a la que hace referencia en la canción, alguno dijo “Alcalá Meco”, aunque por mucho que anduviera ahí una temporada el banquero Mario Conde es probable que no conserve demasiado glamour.

De su reciente ‘Amour Braque’ sobresalió su corte “Disaffection”, el mejor del disco en nuestra opinión y al que añadieron un inmenso poso dramático, y tampoco desatinaron en “Children Of The Black Light”. El cabaret decadente de “Bastard Angel” sirvió al carismático vocalista para darse el preceptivo paseíto entre las masas y demostrar que no rehúye en absoluto el contacto con la concurrencia, es más, lo busca constantemente. Muy lejos del endiosamiento.


“Pain Is Love” enuncia otra verdad inmutable en los tiempos contemporáneos antes de levantar la fusta en “Slave”, sin duda ese filón lo explotan a tope y por supuesto que hacen bien. Y como si fuera Leonard Cohen, Frank Sinatra o algún otro crooner de esos a los que no se les arruga el traje, Simone se piró de improvisto mientras el resto de la banda continuaba desparramando y remarcando de esa manera una ausencia en la que solo faltaron unas trompetas sonando por ahí.

Al contrario de lo que imaginábamos, en los bises volvieron al catálogo de The Smiths con un “Shoplifters Of The World Unite” por segunda vez, anda que no tenían piezas para rescatar…Y “The Boy With The Thorn In His Side” por su letra dudosa pareció más bien un divertimento propio de un ensayo en vez del broche de oro adecuado para una noche gloriosa con un frontman en estado de gracia. No pasa nada, el éxtasis ya se había alcanzado.

Era la tercera vez que veíamos a Spiritual Front y Simone demostró de nuevo una talla desbordante respecto a sus habilidades a las tablas. Un artista de distancias cortas que rompe barreras artificiales hasta situarse al lado de la parroquia en pie de igualdad y no se conforma con multitudes conformadas por hieráticos gatos de escayola. Si es que todavía nos queda algo de eso, tocó la fibra sensible, sí.

TEXTO Y FOTOS: ALFREDO VILLAESCUSA




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