lunes, 4 de marzo de 2019

ANGELIC UPSTARTS: SUPERVIVIENTES DE TIEMPOS SALVAJES


Sala Mytho, Bilbao

Que los mensajes rotundos pueden resonar muchas décadas después de su creación es algo que se palpa especialmente en el movimiento punk. Frente a las modas pasajeras del momento que afectan incluso a estilos supuestamente minoritarios, otros valientes siguen a su rollo sin arrugarse ante nada por mucho que el mundo gire, ya no se vendan discos y las redes sociales se conviertan al final en el mejor método de promoción posible. Las preocupaciones de los tipos corrientes como llegar a fin de mes permanecerán en el mismo lugar donde se dejaron. Hasta que alguien decida coger la antorcha.

En un contexto de turbulencia social precisamente se formaron Angelic Upstarts allá por la primavera de 1977 tras ver actuar a The Clash en la universidad de Newcastle y convencerse de que ellos podían hacerlo mejor que los teloneros de aquel mítico bolo, The Slits y Subway Sect. Y una vez metidos en faena no tardaron en convocar a una importante cantidad de seguidores que el voceras Mensi calificaba como “una mezcla entre hooligans y delincuentes”. Al igual que sucedía en otros combos punk de la época, hubo momentos de provocación con uniformes nazis en el escenario y hasta una cabeza de cerdo que simbolizaba el típico casco inglés de los policías británicos. Todo sea por epatar.


Con una trayectoria tan longeva, sorprende que todavía saquen discos bastante aceptables como el doble ‘Bullingdon Bastards’ de 2015 y sus recitales continúen siendo una descarga absoluta de energía en la que no se intuye ni de lejos la jubilación. Un hecho que ya por sí solo debería bastarles para abarrotar recintos como si no hubiera un mañana, pero ya se sabe que el mundo está plagado de injusticias.

Por lo menos a su paso por la capital vizcaína lograron aglutinar un puñado reseñable de fieles suficientes para montar un buen jolgorio en la sala, aunque en vista del bolazo que se marcaron aquello hubiera merecido contar con el doble o triple de asistentes. Calentaron el ambiente previamente los algorteños Erasoka, que demostraron un nivel importante en el aspecto instrumental y compositivo con temazos potentes que cuando les daba por el castellano recordaban a Rat-Zinger. Homenajearon a los pioneros del Oi! con alguna versión de The Four Skins y lo cierto es que aprovecharon con habilidad su tiempo en escena hasta conseguir que pasara volando. Un entremés adecuado.

Erasoka aprovechando bien el tiempo.
Hay conciertos que se asemejan a una suerte de recorrido por toda la trayectoria de un grupo, una retrospectiva que lo mismo agrada al fan irredento de siempre que al curioso que se acerca hasta allí con solo tres o cuatro piezas en su cabeza. Ambas posturas son igualmente respetables, pues no debería censurarse jamás que alguien al margen de modas y demás movimientos artificiales decida acercarse con humildad a descubrir una banda sin ánimo de sentar cátedra. No nos pongamos trues.

Como una especie de baúl de los recuerdos comenzó el bolo de Angelic Upstarts con “2,000,000 million voices”, corte homónimo que da nombre a su histórico tercer álbum, y no tardaron en acordarse asimismo de su no menos legendario debut en “Teenage Warning”. La pinta del grandullón vocalista Mensi quizás intimidara al inicio, aunque si uno bucea en su trayectoria descubrirá a un tipo íntegro como pocos, un sindicalista de verdad que nada tiene que ver con esos vividores amantes de las mariscadas a los que se ha asociado el término en los últimos tiempos. Un señor capaz de grandes gestos como cuando en un garito abroncó a unos individuos que se alegraban de que la policía cargase contra unos mineros durante una huelga.


Sin palmas ni demás excusas baratas para perder el tiempo, fueron como un tiro, casi inmutables al entusiasmo que suscitaban entre la afición, por ahí por ejemplo había una chica muy guapa de las primeras filas que vivía la música con una pasión tremenda y que hasta se atrevió a colocar una pegatina en la pierna de esa torre humana que es Mensi. Según nos enteramos posteriormente por una amiga suya, al parecer era de un grupo en el que debía de tocar algo. No hay límites para promocionarse.

La solidez compositiva de su trabajo más reciente quedó patente en “Tories, Tories, Tories (Out, Out, Out)”, todo un trallazo para el directo, y censuraron a los que en su país “matan animales por diversión” en “Give The Fox A Gun”. Los enfrentamientos del voceras con las autoridades han sido frecuentes, algunos sonados como el que protagonizó en 2013 cuando él y un amigo se enfrentaron a unos fascistas que habían atacado a una fotógrafa durante una marcha racista. Prueba de esa tensión permanente entre el cantante y las fuerzas del orden es “You’re Nicked”, en cuya presentación incluso relató que más de una vez le detuvieron al andar por la calle simplemente “por ser punk”.


Y en el himno obrero “Solidarity”, entre los puños alzados, el gran hombre rememoró cuando se arrancaban con esa pieza en el País Vasco hace la tira de años. No podía faltar tampoco la mención a Margaret Thatcher, “una puta bruja que está muerta y no va a volver, esa es la buena noticia”, antes de “Woman In Disguise, otro de sus clásicos imprescindibles. Un festín total.

El empeño de Mensi por disociar el patriotismo de los movimientos de ultraderecha puede parecer un poco raro por estos lares, al igual que el papel de los soldados en misiones en el exterior del que habla “Last Night, Another Soldier”, pero ya sabemos cómo son los ingleses en lo relativo a la flema británica. El lenguaje que sí que es universal es el de los pogos descontrolados que brotaban cada dos por tres, un gesto de satisfacción que no necesita traducción alguna. Y para todos los fans, ahí estaba su legendario “I’m An Upstart” de 1979, una llama para poner a cualquiera a tono de inmediato.


Las expectativas del personal quedaron tan colmadas que las peticiones de bises fueron estruendosas. Y no defraudaron en absoluto al regresar con una piedra angular del punk del calibre del “If The Kids Are United” de Sham 69, que terminó de elevar los ánimos hasta la estratosfera mientras el voceras cedía el micro antes de un espectacular acelerón final. Soberbio.

Frente a otros combos de los 70 que viven de las rentas y cuyo nivel en las distancias cortas es más que discutible, estos históricos subversivos no engañan a nadie, y como hemos dicho anteriormente, si existiera un mínimo de justicia en este mundo, deberían llenar estadios. O quizás no, porque ni falta que les hace. Ellos son los auténticos supervivientes de tiempos salvajes.

TEXTO Y FOTOS: ALFREDO VILLAESCUSA





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