Kafe Antzokia, Bilbao
Frente a modas pasajeras y la voluntad de quedar bien por
encima de todas las cosas, existen todavía grupos que siguen apostando por la
visceralidad y la sal gruesa. Con las redes sociales erigidas en altavoces
absolutos de la estupidez, poco espacio se ha dejado para las voces
discordantes gracias a aquellos que llevan un gran fascista en su interior. La
vigencia del espíritu del 77 debería reivindicarse más fuerte que nunca, a la
par que convertirse en adalid de esa libertad de expresión que en realidad a
nadie importa. Quién sabe de lo que ya no nos dejarán escribir dentro de unos
años. Eso si no hablamos ya esa neolengua que sustituye sin rubor alguno
palabras como “censurar” por “retirar”. Por nuestro bien, por
supuesto.
Fieles a la época actual, los andaluces La URSS definen su
rollo como “el hilo musical para tiempos
de autodestrucción y agonía existencial”, una declaración de intenciones
que podría espantar de inmediato a cualquier posible ofendidito. Y no menos
impactante era el nombre que habían cogido para el grupo, una palabra que evoca
a la vez la grandeza del poder, la ortodoxia comunista o las purgas contra los
disidentes, no en vano para personas de determinado espectro ideológico podría
ser incluso la reencarnación absoluta de todos los males. Lo mínimo en unos
tipos que se consideran discípulos de Eskorbuto, la banda más honrada del
mundo.
La URSS, impartiendo doctrina. |
Hacía eones que no acudíamos a una de esas sesiones
noctívagas de bolos que comienzan sobre la 1 de la madrugada y la verdad es que
repetiríamos mañana mismo. Había un ambientazo tremendo en un piso superior del
Antzoki abarrotado de juventud en la flor de la vida que no se cortó a la hora
de montar pogos o sobrevolar entre la multitud. Lo bonito. Vimos incluso hasta
una camiseta de Familia Real por ahí, mítico grupo de culto punk de los
ochenta, por lo que congeniamos de manera inmediata con gran parte de los
asistentes. Por fin un concierto sin gatos de escayola.
Acudíamos con la principal motivación de catar a La URSS sobre las tablas y no nos
defraudaron en absoluto con su estilo incendiario muy similar al de los
madrileños Biznaga, aunque quizás haya que revertir dicha frase, pues la
actividad de los primeros se remonta a principios del presente siglo. Es
evidente que su incontestable alegato contra una sociedad que nos convierte en
meros productos ha calado hondo en generaciones venideras.
Un bailaor punk. |
La rabia desatada de “Olvido” elevó de un plumazo las
gargantas mientras su cantante con gracejo andaluz casi se descoyuntaba con
movimientos de colgao epiléptico tipo Ian Curtis. A veces parecía incluso una
especie de bailaor flamenco que hubiera descubierto el punk. De hecho, muchos
de sus temas beben bastante de este género, lo que pasa es que lo camuflan
aplicando la distorsión adecuada.
“Curva de consumo ascendente” es otra pieza para dejarse las cuerdas vocales con su retórica anticapitalista, al igual que el frenetismo y las odas a los cuerpos en putrefacción de “El silencio”. Los pogos ya comenzaron a desmadrarse cuando su inquieto vocalista bajó a la arena y uno de los puntos álgidos de la velada se alcanzó con el flamenco punk de “†” antes de aplicar nihilismo a cascoporro en “Souvenires de la nada”.
La cita incrementó todavía más la temperatura con una
sorprendente revisión de “La marcha del siglo XX” de Eskorbuto, que les iba
cual anillo al dedo por su rollo visceral, y en “Non Plus Ultra” se
desprendieron de viejos miedos atávicos con un desgarro similar al del trío de
Santurtzi antes homenajeado. Y aunque no lo mencionaron, está claro que la
sombra alargada de Edu Benavente sobrevuela en “Ante el espejo”, todo un
ejercicio de siniestrismo contemporáneo.
“Viejas armas, nuevas guerras” se antoja otro trallazo para levantar a cualquiera del sitio. Un grito de desesperación y furia descontrolada contra ese repugnante pensamiento buenrollista que lo invade todo. Y como no podría ser de otra manera entre tanta ortodoxia punk, aquello ni siquiera llegó a una hora, pero ya les gustaría a muchos meter tanta zapatilla en ese intervalo. Grandes. Que vuelvan cuanto antes.
Vulk desatando un torbellino sónico. |
Cualquiera que haya coincidido con Vulk anteriormente, debería conocer de sobra su impactante puesta
en escena, con un enérgico vocalista que se puede tirar tranquilamente un rato
dando la espalda al público o bien fundirse en movimientos imposibles en la
escuela Ian Curtis. Mucho han crecido desde que editaran su debut hace un par
de años y se recorrieran para presentarlo la península y varios festivales
importantes, como el Primavera Sound, por ejemplo.
Pero su actitud no ha variado ni un ápice, siguen siendo un
grupo profundamente de garito, no les hacen falta grandes escenarios para
conseguir epatar a la peña. Por eso mismo, pueden permitirse el lujo de
imaginar que están en un local de ensayo al arremolinarse todos frente a su
batería o que su voceras monte un pogo onanista al margen de los seres que se
encuentren en ese momento en el recinto. Lo importante es que uno se lo pase
bien.
Y abajo el entusiasmo no disminuye un ápice, con la
muchedumbre descontrolada casi volando de un lado a otro, un ritmo sencillo y
repetitivo como el de “At The Wet Columns” vale de sobra para enfervorizar a la
parroquia. El idioma que emplean es el de la música con mayúsculas, por lo que
apenas guarda relevancia alguna que canten en inglés, o en euskera, como se han
atrevido a hacer en su último disco. La jarana se montará de la misma manera.
“No Muscle” tiene el potencial necesario para hipnotizar
como si se tratara de un mantra, de idéntico modo que “Second Heat”, piezas que
se alejan de los convencionalismos incluso dentro del post punk, y mira que es
variado dicho ámbito. Los golpes en el pecho que se daba su vocalista en plan
marcial, más que una demostración de bravura, eran una constatación del orgullo
del que no tiene nada que perder y por eso no le importa echar el resto. Lo que
hacen Vulk cada noche.
En definitiva, una interesante velada con dos bandas todavía
jóvenes con mucho que aportar en el panorama musical en el futuro y que no se
conforman con seguir los esquemas manidos de siempre. Punk de putrefacción con
ínfulas poéticas y flamencas camufladas frente a post punk desquiciante,
enrevesado, o repetitivo si la ocasión lo requiere. Algo tan impredecible como
Ian Curtis en la Feria de Abril.
TEXTO: ALFREDO
VILLAESCUSA
FOTOS: MARINA ROUAN
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